La Mancha es tierra de sol en verano. Un sol que impide poder disfrutar de muchas de sus riquezas. Sin embargo, al caer la noche la luz deja paso al bochorno, al calor que emana del asfalto y los vivos nos atrevemos a salir a disfrutar de las estrellas, de los pueblos y de sus secretos.
Almagro es cuidad Manchega por excelencia, hogar del teatro clásico, esta vez de la mano del 31 festival.
La peregrinación es un ritual. Carrera de salida de Madrid para poder llegar a tiempo, noche tenebrosa en la CM412, allí donde el año pasado se pudo ver a cierto aparecido y locales nocturnos en los alrededores del Alfonso X en Ciudad Real.
Todo termina en un sábado abrupto de vagar por el mundo evitando el regreso a Madrid en un intento de alargar la magia de la noche teatral.
Las Gracias Mohosas hicieron gala de tragicomedia llevando el esperpento a su máxima expresión. Esperpento como aquel que montamos allá donde vamos.
9 personas llegan a un bar. Es la plaza. La temperatura empieza a menguar y se agradece. Alguno copa la barra. Pide. Pero queda poco tiempo. Todo lo que sirven en la barra acaba de alguna forma en manos de los 9. Nadie entiende nada, nada conincide con lo pedido porque seguramente corresponde con el pedido de otros clientes.
Es un esperpento de situación en si mismo.
Terminaremos comiendo algo como podamos, corriendo antes de que empiece la función.
El pasio de Fúcares nos espera magestuoso, como siempre, antes de que pidan silencio y comience es espectáculo.
Y mientras la luna nos observa desde un cielo lleno de estrellas, mientras olvidamos aquella carretera que hoy remodelan, mientras Madrid despierta ebrio de fuentes teñidas de amarillo y rojo, yo prefiero quedarme con el esperpento. El reflejo puro de lo que siempre fuimos, de nuestras risas y de nuestros momentos, de esas risas tan abundantes cuando eramos algo más jóvenes, algo olvidadas ahora que ocn los años nos convertimos en algo señorones.
¿Trabajo o placer? En cualquier caso, activo, dinámico, divertido, abierto, algo loco a veces, pero sobre todo vivo. Devorador de comentarios de ti, lector y, ahora escritor, locuaz, sensato, equilibrado, atado por la locura, buscador de tesoros, amante de las sorpresas, emprendedor, luchador interior, enemigo de uno mismo. En suma, humano.
lunes, junio 30, 2008
miércoles, junio 25, 2008
Subido a un rascacielos
Los rascacielos siempre dan una perspectiva distinta de la vida.
Subir no suele ser grato si hay que hacerlo a pié. El esfuerzo nos hace ver que arriba no se debe estar tan bien como en el lobby, tomando un piscolabis en la esquina y escuchando la música de fondo mientras vemos a los huespedes y visitantes, a los hombres y mujeres vestidos de oficina y a algún otro despitado pasar.
Subir tampoco es grato cuando no estamos seguros de por qué lo hacemos. Enseguida llegan las dudas y uno se acuerda de tantos incendios o desgracias que evitaron a esos osados que subieron volver a bajar.
Pero si llegas arriba, si te asomas a la ventada que da la vista panorámica a toda la ciudad, te das cuenta de que lo que no es grato son los miedos.
Esos que cada uno llevamos dentro y que alimentan nuestra pereza para subir.
Mirar por aquel mirador es impresionante. La ciudad se vuelve diminuta. Los coches minúsculos. Las personas insignificantes. Da vértigo pensar en lo que esa perspectiva nos puede convertir. Pero a la vez nos da energía y fuerza, algo que de por sí no es malo si sabemos encauzarlo bien.
Cada uno tiene sus rascacielos favoritos. Además, estos cambian. Por ejemplo, quiero recordar cierta torre de la tv en Shaghai donde el último piso gira al son de la música de un piano. A pesar de lo sucios que se ven los cristales y lo distorsionadas que parecen desde allí las luces.
Este fin de semana estuve en un rascacielos. Uno precioso que miraba al futuro y al pasado a la vez. No me dio vértigo a pesar de que su inclinación hacía parecer que uno colgaba suspendido en el vacio.
La vista al pasado traía un futuro caluroso, musical, lleno de canciones de nuevos grupos, nuevos para mí. El nombre a modo de profecía de Sunny Drivers abría un hueco en mi memoria junto al río. A ese manzanares que empieza a tener orgullo de río.
La ventana delantera mostraba nuevas experiencias, paseos por el campo a orillas del alto Tajo, imaginando el camino hasta la desembocadura en Portugal. Una gasolinera, una chica gaditana en tierras castellanas y un domingo intenso de deportes, fútbol en buena compañía, poker de experimientación subprime, ¡ay tu que lees, igual lo entiendes!, y paddle.
Me gustaron los cocktails cerveceros del gambrinus, que casualmente tenía este domingo la gestión del bar de nuestro rascacielos. Me gustó la conversación que este lugar trajo por su sinceridad.
Así que hoy, miércoles, después de dos días de adoctrinamiento en el Escorial (digo, de formación sobre el liderazgo en la empresa), tengo una imagen grabada en la mente.
En ella salto del rascacielos. Como salté el lunes por la noche. Cuando puse nombre y apellidos y fechas a ciertos planes.
¿A qué jugamos?
Os dejo unos links que creo haber prometido en conversaciones varias.
Enjoy!
Subir no suele ser grato si hay que hacerlo a pié. El esfuerzo nos hace ver que arriba no se debe estar tan bien como en el lobby, tomando un piscolabis en la esquina y escuchando la música de fondo mientras vemos a los huespedes y visitantes, a los hombres y mujeres vestidos de oficina y a algún otro despitado pasar.
Subir tampoco es grato cuando no estamos seguros de por qué lo hacemos. Enseguida llegan las dudas y uno se acuerda de tantos incendios o desgracias que evitaron a esos osados que subieron volver a bajar.
Pero si llegas arriba, si te asomas a la ventada que da la vista panorámica a toda la ciudad, te das cuenta de que lo que no es grato son los miedos.
Esos que cada uno llevamos dentro y que alimentan nuestra pereza para subir.
Mirar por aquel mirador es impresionante. La ciudad se vuelve diminuta. Los coches minúsculos. Las personas insignificantes. Da vértigo pensar en lo que esa perspectiva nos puede convertir. Pero a la vez nos da energía y fuerza, algo que de por sí no es malo si sabemos encauzarlo bien.
Cada uno tiene sus rascacielos favoritos. Además, estos cambian. Por ejemplo, quiero recordar cierta torre de la tv en Shaghai donde el último piso gira al son de la música de un piano. A pesar de lo sucios que se ven los cristales y lo distorsionadas que parecen desde allí las luces.
Este fin de semana estuve en un rascacielos. Uno precioso que miraba al futuro y al pasado a la vez. No me dio vértigo a pesar de que su inclinación hacía parecer que uno colgaba suspendido en el vacio.
La vista al pasado traía un futuro caluroso, musical, lleno de canciones de nuevos grupos, nuevos para mí. El nombre a modo de profecía de Sunny Drivers abría un hueco en mi memoria junto al río. A ese manzanares que empieza a tener orgullo de río.
La ventana delantera mostraba nuevas experiencias, paseos por el campo a orillas del alto Tajo, imaginando el camino hasta la desembocadura en Portugal. Una gasolinera, una chica gaditana en tierras castellanas y un domingo intenso de deportes, fútbol en buena compañía, poker de experimientación subprime, ¡ay tu que lees, igual lo entiendes!, y paddle.
Me gustaron los cocktails cerveceros del gambrinus, que casualmente tenía este domingo la gestión del bar de nuestro rascacielos. Me gustó la conversación que este lugar trajo por su sinceridad.
Así que hoy, miércoles, después de dos días de adoctrinamiento en el Escorial (digo, de formación sobre el liderazgo en la empresa), tengo una imagen grabada en la mente.
En ella salto del rascacielos. Como salté el lunes por la noche. Cuando puse nombre y apellidos y fechas a ciertos planes.
¿A qué jugamos?
Os dejo unos links que creo haber prometido en conversaciones varias.
Enjoy!
lunes, junio 16, 2008
Tinos y desatinos
Que acierto ir a las fiestas de San Antonio. Como tantos años, una vez más miles de personas en el parque de la bombilla; un concierto de La Casa Azul, la sorpresa de coincidir con Famma, si bien apenas pudimos decirnos hola y conocer, eso sí, a miniMaki y la suerte de una salida como las de antes, con la gente de antes.
Que desacierto asistir el sábado a la inaguración de Sugar. La terraza de Chamartín quiere jugar a una terraza para gente ya mayor con cierta clase pero se situa en un entorno de botellón y gentes más jóvenes inspirados en el Macumba (que sí, ya no se llama así, pero así le seguiremos llamando hasta que quiten el cartel que se ve desde cualquier calle cercana)
Que acierto aprovechar para ir de excursión al río dulce el domingo desafiando a la lluvia. Acierto porque no nos llovió.
Qué desacierto dejarnos llevar por la edad y no atrevernos a cruzar para llegar a la cascada, con el cariño que le tengo a aquel lugar. Pero es necesario adaptarse a todos.
Qué acierto acabar en el parador de Sigüenza, que acierto de íntima conversación, que acierto de momento, de silencio, de cantos gregorianos que inundan el ambiente, qué acierto de canciones, de recuerdos, en el coche de vuelta, qué acierto de risas, de complicidad.
Qué desacierto de tentación
Qué acierto de verano que aunque se resista ya está aquí, acierto de momentos de hoy y de siempre, de Almagro, que volverá en un par de semanas, de Xeraco que volverá en tres.
Qué desacierto de semana laboral. Y es que es una lata el trabajar.
Qué acierto de música. Quiero más música, quiero cerrar los ojos y dejarme llevar. Quiero volar, flotar, soñar, imaginar, jugar, volver a ser un niño, quiero sentir la magia de una hora más sentado en el campo, encima de un risco, a los pies un cañón, observando un castillo.
Qué acierto de gol de Villa en el último minuto (sí, aunque no sea mi pasión, también es bueno darle un toque a la pasión de los futboleros). Qué acierto de partida de poker con amigos tras el partido. Y qué acierto de Silk en Alcobendas. Se nota que ya soy mayor.
Qué acierto de reflexión. Y es que hay que ser positivo. Por pedir, que no quede.
Enjoy the week.
Que desacierto asistir el sábado a la inaguración de Sugar. La terraza de Chamartín quiere jugar a una terraza para gente ya mayor con cierta clase pero se situa en un entorno de botellón y gentes más jóvenes inspirados en el Macumba (que sí, ya no se llama así, pero así le seguiremos llamando hasta que quiten el cartel que se ve desde cualquier calle cercana)
Que acierto aprovechar para ir de excursión al río dulce el domingo desafiando a la lluvia. Acierto porque no nos llovió.
Qué desacierto dejarnos llevar por la edad y no atrevernos a cruzar para llegar a la cascada, con el cariño que le tengo a aquel lugar. Pero es necesario adaptarse a todos.
Qué acierto acabar en el parador de Sigüenza, que acierto de íntima conversación, que acierto de momento, de silencio, de cantos gregorianos que inundan el ambiente, qué acierto de canciones, de recuerdos, en el coche de vuelta, qué acierto de risas, de complicidad.
Qué desacierto de tentación
Qué acierto de verano que aunque se resista ya está aquí, acierto de momentos de hoy y de siempre, de Almagro, que volverá en un par de semanas, de Xeraco que volverá en tres.
Qué desacierto de semana laboral. Y es que es una lata el trabajar.
Qué acierto de música. Quiero más música, quiero cerrar los ojos y dejarme llevar. Quiero volar, flotar, soñar, imaginar, jugar, volver a ser un niño, quiero sentir la magia de una hora más sentado en el campo, encima de un risco, a los pies un cañón, observando un castillo.
Qué acierto de gol de Villa en el último minuto (sí, aunque no sea mi pasión, también es bueno darle un toque a la pasión de los futboleros). Qué acierto de partida de poker con amigos tras el partido. Y qué acierto de Silk en Alcobendas. Se nota que ya soy mayor.
Qué acierto de reflexión. Y es que hay que ser positivo. Por pedir, que no quede.
Enjoy the week.
lunes, junio 09, 2008
Amor y Odio
Odio caminar por un centro comercial atestado de gente, buscando algo que no soy capaz de encontrar rompiendo una y otra vez las más básicas normas de conducta, peleando por un sitio en el aparcamiento, luchando por un hueco en el pasillo para el carrito, haciendo cola para pagar no sé que cosa.
Amaría estar en ese mismo lugar en la noche, escondido, viendo solo los palmos justo delante de mi que ilumina una linterna, sintiendome explorador en la noche, sabiéndome vigilado por los sistemas de seguridad, amenazado, quizás, por fieros perros guardianas, sintiendome guardián de tu calor entre mis brazos.
Amo la belleza espartana, la de un traje de chaqueta simple y a la vez elegante, la de las miradas que todo lo observan y que tanto me dicen, cuyo mensaje entiendo simplemente con una mirada. Amo el blanco de una blusa de oficina, una carpeta y unas gafas que nunca llevas.
Odiaría esa ostentación de anillos, pulseras y collares, ese peinado que se recrea en las formas artificiales, ese maquillaje que se vuelve máscara de porcelana ante el reflejo de la ténue luz de la mesilla.
Odio el tráfico por las mañanas en esta ciudad prisión llena de gente gris. Amo el movimiento acompasado del coche de al lado en el que la música da vida coloreada a la lluvia que aún nos acompaña.
Amo la brisa caliente del mar en verano, en ese paseo junto a la playa, sentirme patético jugando al volley en la playa, sentirme mayor nadando en la piscina, dejar que los aromas envuelvan noches de lino y ron. Odio abrir los ojos y ver que todo ha sido un sueño.
Odio no tener valor, pensar, pensar y no dejar de pensar, darle más y más vueltas, dejar que el tiempo pase sin tirar los dados. Amo tener la mente abierta para poder lanzarme siempre y cada vez, no importa donde.
Amo los momentos en los que sabes decir lo que quieres. En los que no te falta decisión. En los que tiras para delante sin pensartelo dos veces. Odio cuando las dudas te hacen ser como no eres.
Amo la noche tranquila, el baile sensual que no dice nada y lo dice todo, el pelo que cae mientras el cuerpo se mueve solo, aislado, en la pista. Odio cuando los comportamientos garrulos me hacen salir de ese ensimismamiento.
Amo los jueves, los viernes y como no los sábados. Quiero amar los lunes, aunque resulta difícil, sobre todo cuando me levanto
Amaría estar en ese mismo lugar en la noche, escondido, viendo solo los palmos justo delante de mi que ilumina una linterna, sintiendome explorador en la noche, sabiéndome vigilado por los sistemas de seguridad, amenazado, quizás, por fieros perros guardianas, sintiendome guardián de tu calor entre mis brazos.
Amo la belleza espartana, la de un traje de chaqueta simple y a la vez elegante, la de las miradas que todo lo observan y que tanto me dicen, cuyo mensaje entiendo simplemente con una mirada. Amo el blanco de una blusa de oficina, una carpeta y unas gafas que nunca llevas.
Odiaría esa ostentación de anillos, pulseras y collares, ese peinado que se recrea en las formas artificiales, ese maquillaje que se vuelve máscara de porcelana ante el reflejo de la ténue luz de la mesilla.
Odio el tráfico por las mañanas en esta ciudad prisión llena de gente gris. Amo el movimiento acompasado del coche de al lado en el que la música da vida coloreada a la lluvia que aún nos acompaña.
Amo la brisa caliente del mar en verano, en ese paseo junto a la playa, sentirme patético jugando al volley en la playa, sentirme mayor nadando en la piscina, dejar que los aromas envuelvan noches de lino y ron. Odio abrir los ojos y ver que todo ha sido un sueño.
Odio no tener valor, pensar, pensar y no dejar de pensar, darle más y más vueltas, dejar que el tiempo pase sin tirar los dados. Amo tener la mente abierta para poder lanzarme siempre y cada vez, no importa donde.
Amo los momentos en los que sabes decir lo que quieres. En los que no te falta decisión. En los que tiras para delante sin pensartelo dos veces. Odio cuando las dudas te hacen ser como no eres.
Amo la noche tranquila, el baile sensual que no dice nada y lo dice todo, el pelo que cae mientras el cuerpo se mueve solo, aislado, en la pista. Odio cuando los comportamientos garrulos me hacen salir de ese ensimismamiento.
Amo los jueves, los viernes y como no los sábados. Quiero amar los lunes, aunque resulta difícil, sobre todo cuando me levanto
lunes, junio 02, 2008
Luxury Video Edition
¿Conoces Premier?
Para mi siempre ha sido una herramienta amigable, mucho más que el Pinacle Studio o el Sony Vegas.
El Premier ha sido compañero de buenos momentos, de angustia por no poder terminar un video a tiempo para un regalo de cumpleaños, de proyectos que no le da la gana guardar después de una tarde de trabajo...pero la verdad es que los resultados obtenidos han sido tan buenos siempre que le tengo cariño.
Este fin de semana he vuelvo a quedar con él. Y esta vez de nuevo me ha traido muy buenos resultados. No ya los propios de su labor, una práctica que no decía ni fu ni fa sino un par de buenos ratos, muy buenos ratos, con dos amigas que no veo con toda la frecuencia que me gustaría.
Así que no tengo más que agradecerselo una vez más al premier. Y por supuesto, a ellas por el estupendo finde que hemos pasado.
Sé que la vergüenza no permitirá que alguna de ellas, lectora en silencio, se anime a dejar un comentario aquí. Aunque me doy por supersatisfecho, claro, eso sería ya la guinda del pastel.
Y es que no hay nada como socializar y compartir. Porque eso hace fluir las sensaciones y los sentimientos. Y ¡qué seríamos nosotros sin sensaciones y sentimientos?
Y entre tanto sigo con los preparativos para Panamá aunque el periplo centroamericano se retrasará hasta Julio.
Lo dejaremos con algo de música que nada tiene que ver...y un video interesante al respecto.
Un video que da ideas para el Enjoy VI que, por si no se sabe ya, está previsto para el 20 de Septiembre.
"Enjoy VI, los recuerdos del ayer"
Para mi siempre ha sido una herramienta amigable, mucho más que el Pinacle Studio o el Sony Vegas.
El Premier ha sido compañero de buenos momentos, de angustia por no poder terminar un video a tiempo para un regalo de cumpleaños, de proyectos que no le da la gana guardar después de una tarde de trabajo...pero la verdad es que los resultados obtenidos han sido tan buenos siempre que le tengo cariño.
Este fin de semana he vuelvo a quedar con él. Y esta vez de nuevo me ha traido muy buenos resultados. No ya los propios de su labor, una práctica que no decía ni fu ni fa sino un par de buenos ratos, muy buenos ratos, con dos amigas que no veo con toda la frecuencia que me gustaría.
Así que no tengo más que agradecerselo una vez más al premier. Y por supuesto, a ellas por el estupendo finde que hemos pasado.
Sé que la vergüenza no permitirá que alguna de ellas, lectora en silencio, se anime a dejar un comentario aquí. Aunque me doy por supersatisfecho, claro, eso sería ya la guinda del pastel.
Y es que no hay nada como socializar y compartir. Porque eso hace fluir las sensaciones y los sentimientos. Y ¡qué seríamos nosotros sin sensaciones y sentimientos?
Y entre tanto sigo con los preparativos para Panamá aunque el periplo centroamericano se retrasará hasta Julio.
Lo dejaremos con algo de música que nada tiene que ver...y un video interesante al respecto.
Un video que da ideas para el Enjoy VI que, por si no se sabe ya, está previsto para el 20 de Septiembre.
"Enjoy VI, los recuerdos del ayer"
viernes, mayo 23, 2008
¿traición?
Hay cosas que ocurren de repente, sin esperarlas; cosas que por otro lado son intrascendentes; pero cosas que por un segundo te hacen reflexionar.
Siempre me ha gustado recrearme en esa reflexión, en la que viene por sorpresa, sin avisar. Quizás porque tiene mucha más importancia que cosas mucho más relevantes que nos ocurren en nuestra vida.
En especial, es bueno parar y recapacitar, mirar a trás en estos últimos 20 días que se han pasado sin conseguir arrebatar un solo segundo a mis horas para escribir un post aquí, ni siquiera para leer a los que siempre me acompañais en este ejercicio público de reflexión llamado blog.
Han sido días trepidantes. Y sin embargo no ha ocurrido nada especial.
Sigue lloviendo en Madrid. Siguen mojándose los sueños de fin de semana. Siguen terminando las noches de luz y color sin ser de verano. Siguen sirviendo para escapar, divertirse, jugar a seguir siendo joven, saltar, cantar, bailar, comer trocitos de mundo, arañar minutos a un relog que gira al doble de velocidad, recorrer las calles de esta ciudad sustituyendo el atasco de la mañana por una Castellana despejada en la que la unos ojos cerrados ocultan los coches que le quitan su magia.
Algunos cientos de kilómetros en la distancia, las palabras vertidas en forma de letras de forma apresurada en una tarde de jueves se tornan en locura surfista. Tarifa ofrece su mejor cara, en medio de la tempestad, en forma de extranjeros, caras blancas curtidas al sol que susurrando palabras oscuras en un castellano indigno de Cervantes conquistan los encantos de aquellas 3 bellas damas cuya sonrisa hoy brilla más; cuerpos cansados, almas que vuelven al trabajo en cualquier provincia de este país, o quizás en una concreta, y que lo hacen con cierto conformismo, quizás algo de desidia, pero con esa sonrisa, esa sonrisa y sea mirada de "que me quiten lo bailao"
Y es que el surf conjura otras almas un poco más al noroeste, en Oliva, donde las despedidas de soltera se concentran en forma de actividades, surf entre ellas, y noches de rojo pasión.
Una fiesta más para quienes juegan sin darse cuenta a superar la crisis de los 36.
Sangre de almas jóvenes que nos resistimos a "ser mayor"
Almas como aquellas que se reunen afablemente como medio pais ante la mirada complacida de nuestro Buenafuente para apoyar, entre la risa, la burla, el orgullo y la vergüenza ajena la representación eurovisiva.
Lo siento, soy un romántico, y el alma se me contrae cuando veo que la música en eurovisión pierde su magia, pierde la cualidad de transportarme a cualquier lugar al cerrar los ojos.
Entre tanto, los planes se suceden. Panamá se prepara para recibirme con sus rutas en helicóptero apenas unas semanas después de que la ruta Quetzal termine precisamente allí con el apoyo, curiosidades de la vida, de un alma que esta vez se perdió Tarifa. Estambul prepara también su recibimiento para la comitiva de los roadtrips que esta vez son menos pero que harán este viaje más auténtico.
Son tiempos que van y vienen, que te llevan...si te dejas llevar. Y entre tanto, pienso en escribir esto en la soledad de mi coche, sentado en el garaje en la oscuridad, con los ojos cerrados y la música a tope. Unos momentos para reflexionar.
La luz se enciende, alguien entra y pensará que estoy loco. Debo estarlo. Apago la música y salgo. Y dejo atrás esa reflexión. Porque no me quiero contestar a la pregunta de qué camino tomar.
Porque acabo de volver, después de toda la tarde entrando y saliendo de esta puerta que da a un nuevo camino que no sé si quiero tomar.
Prefiero los laberintos en que tomar decisiones es fácil, porque no sabes cada bifurcación a donde te va a llevar.
Siempre me ha gustado recrearme en esa reflexión, en la que viene por sorpresa, sin avisar. Quizás porque tiene mucha más importancia que cosas mucho más relevantes que nos ocurren en nuestra vida.
En especial, es bueno parar y recapacitar, mirar a trás en estos últimos 20 días que se han pasado sin conseguir arrebatar un solo segundo a mis horas para escribir un post aquí, ni siquiera para leer a los que siempre me acompañais en este ejercicio público de reflexión llamado blog.
Han sido días trepidantes. Y sin embargo no ha ocurrido nada especial.
Sigue lloviendo en Madrid. Siguen mojándose los sueños de fin de semana. Siguen terminando las noches de luz y color sin ser de verano. Siguen sirviendo para escapar, divertirse, jugar a seguir siendo joven, saltar, cantar, bailar, comer trocitos de mundo, arañar minutos a un relog que gira al doble de velocidad, recorrer las calles de esta ciudad sustituyendo el atasco de la mañana por una Castellana despejada en la que la unos ojos cerrados ocultan los coches que le quitan su magia.
Algunos cientos de kilómetros en la distancia, las palabras vertidas en forma de letras de forma apresurada en una tarde de jueves se tornan en locura surfista. Tarifa ofrece su mejor cara, en medio de la tempestad, en forma de extranjeros, caras blancas curtidas al sol que susurrando palabras oscuras en un castellano indigno de Cervantes conquistan los encantos de aquellas 3 bellas damas cuya sonrisa hoy brilla más; cuerpos cansados, almas que vuelven al trabajo en cualquier provincia de este país, o quizás en una concreta, y que lo hacen con cierto conformismo, quizás algo de desidia, pero con esa sonrisa, esa sonrisa y sea mirada de "que me quiten lo bailao"
Y es que el surf conjura otras almas un poco más al noroeste, en Oliva, donde las despedidas de soltera se concentran en forma de actividades, surf entre ellas, y noches de rojo pasión.
Una fiesta más para quienes juegan sin darse cuenta a superar la crisis de los 36.
Sangre de almas jóvenes que nos resistimos a "ser mayor"
Almas como aquellas que se reunen afablemente como medio pais ante la mirada complacida de nuestro Buenafuente para apoyar, entre la risa, la burla, el orgullo y la vergüenza ajena la representación eurovisiva.
Lo siento, soy un romántico, y el alma se me contrae cuando veo que la música en eurovisión pierde su magia, pierde la cualidad de transportarme a cualquier lugar al cerrar los ojos.
Entre tanto, los planes se suceden. Panamá se prepara para recibirme con sus rutas en helicóptero apenas unas semanas después de que la ruta Quetzal termine precisamente allí con el apoyo, curiosidades de la vida, de un alma que esta vez se perdió Tarifa. Estambul prepara también su recibimiento para la comitiva de los roadtrips que esta vez son menos pero que harán este viaje más auténtico.
Son tiempos que van y vienen, que te llevan...si te dejas llevar. Y entre tanto, pienso en escribir esto en la soledad de mi coche, sentado en el garaje en la oscuridad, con los ojos cerrados y la música a tope. Unos momentos para reflexionar.
La luz se enciende, alguien entra y pensará que estoy loco. Debo estarlo. Apago la música y salgo. Y dejo atrás esa reflexión. Porque no me quiero contestar a la pregunta de qué camino tomar.
Porque acabo de volver, después de toda la tarde entrando y saliendo de esta puerta que da a un nuevo camino que no sé si quiero tomar.
Prefiero los laberintos en que tomar decisiones es fácil, porque no sabes cada bifurcación a donde te va a llevar.
martes, mayo 13, 2008
Soy lo Prohibido
Podría ser un lugar cualquiera de una ciudad caribeña. Colón, en la costa este de Panamá, una taberna cerca del viejo Malecón en la Habana o una tasca, con puntales de madera carcomida por el tiempo en la esquina de una olvidada calle de Santo Domingo.
Pero no podría ser ahora. Tendría que ser en un instante en el que el tiempo se detuvo, en el que la noche dejo paso a un día eterno, de sol al atardecer.
El cuerpo pegajoso, víctima de la humedad del ambiente, a pesar del ventilador en el techo, apenas cubierto por una camiseta, quizás incluso de tirantes, sabría que volvía a estar en el Caribe, en aquella América lejana y a la vez cercana al corazón.
Un lugar comido por el tiempo, por la desidia, en el que las personas se dejan consumir entre vino y cerveza, disfrutando de la buena compañía, turistas venidos de ultramar, parroquianos que ni siquiera se saludan, respetando la intimidad del momento. Todos se conocen. Todos saben que están allí.
Sentarme en aquel rincón siempre me ha proporcionado una tranqulidad algo siniestra quizás, pero siempre cálida.
Siempre cerca de aquel hombre de traje blanco de lino, de sobrero Panamá de medio lado de cigarro Habano que se consume a ritmo sosegado pero constante. Un alma astuta, siempre alerta pero de algún modo adormecida que no pierde la vista de la puerta.
Siemre cerca de aquella joven, morena de piel, vestida de blanco, con tirantes de verano, de ojos como soles marcados por un cerco negro, pintado como muralla de un fondo blanco como la espuma y unas pupilas profundas, infinitas, en las que me pierdo cuando intento bucear en medio de la noche, intentando mantener la mirada, quizás también, la sonrisa.
Siempre cerca de la bella dama de alta alcurnia que sombrilla en mano nos observa desde el reservado, ora vestida de negro,ora de rojo, ora de blanco, de amarillo, siempre a tono con el brillo del sol que entra por las ventanas.
Alrededor, tantas otras caras cansinas que nadan en cervezas al atadecer, después de una dura jornada de trabajo. ¿en el puerto? ¿en los barcos de su majestad? ¿en el campo?
Caras que, como yo, se desdibujan ensimismadas en Alison, mientras canta para todos nosotros esta canción que hoy escucháis en este post.
Imágenes de fantasía que se confunden con la realidad en torno a mí mientras se me escapan los días sin publicar, mientras recuerdo la isla de La Palma y los besos de tus labios tentadores.
El Caribe me atrae y me pide que vuelva a tí.
Aclaración: si, lo sé, últimamente estoy perdiendo un poco el norte, tanto en las formas como en el contenido. La realidad se desdibuja. Pero...
Simplemente dejadme desdibujarla un poco más. Ser un personaje ma´s entre las letras. ya habrá tiempo de volver a la realidad. Espero que lo disfrutéis.
martes, mayo 06, 2008
Cuando la juventud no es solo una cuestión de edad
Dicen los sabios (¡menudos ellos!) que la juventud es una cuestión de la mente. Se es joven de espíritu y eso nos da fuerzas para la lucha del día a día, para afrontar la vida con actitud y aptitud. En una palabra, de forma positiva.
Este espíritu mío siempre se considera muy positivo. Muy joven, muy moderno él. Cosas que tiene la actitud y, supone él (el espíritu), la aptitud también.
Y ahí tienes al alma, evitando asentar cabeza, escribiendo fantasías que rozan la realidad sobre aventuras extraconyugales, sobre lugares y viajes, desdibujando una línea que a veces se torna aún más borrosa entre la verdad y la mentira, disfranzando al payaso de señor y al señor de payaso, payaso el que hace reir a su entorno, señor el que viene todos los días a la oficina.
Ahí la tienes jugando a ser un niño, organizando fiestas que poco tienen que ver con las más convencionales de siempre, evitando los vicios dañinos para el cuerpo y dándose a los vicios dañinos para el alma como ente joven que a sus pocos años puede con todo.
Pero entonces, de repente, un día sales con gente nueva. Haces nuevos amigos y comienzas los juegos de siempre. Y te lanzas a la aventura que nunca has hecho antes. Desciendes barrancos, destrepas, haces rappel río abajo, sifones, etc, etc; y te das cuenta de que el cuerpo no es atemporal, por mucho que ciertas amigas se empeñen en ello. Y que los 33 pesan ligeramente al realizar ciertas actividades.
En cualquier caso, no hay que perder la compostura. Lo importante fue llegar al final. Y terminar los juegos. Los Juegos de siempre. Marcha, risas, fiestas hasta el amanecer, escasez de horas de sueño, más alcohol del debido, excursiones, más risas, más juegos, ¡hay que ver como le gustan estos juegos a un alma joven! y al terminar, un recuerdo agradable; un fin de semana de puente más.
Este espíritu mío siempre se considera muy positivo. Muy joven, muy moderno él. Cosas que tiene la actitud y, supone él (el espíritu), la aptitud también.
Y ahí tienes al alma, evitando asentar cabeza, escribiendo fantasías que rozan la realidad sobre aventuras extraconyugales, sobre lugares y viajes, desdibujando una línea que a veces se torna aún más borrosa entre la verdad y la mentira, disfranzando al payaso de señor y al señor de payaso, payaso el que hace reir a su entorno, señor el que viene todos los días a la oficina.
Ahí la tienes jugando a ser un niño, organizando fiestas que poco tienen que ver con las más convencionales de siempre, evitando los vicios dañinos para el cuerpo y dándose a los vicios dañinos para el alma como ente joven que a sus pocos años puede con todo.
Pero entonces, de repente, un día sales con gente nueva. Haces nuevos amigos y comienzas los juegos de siempre. Y te lanzas a la aventura que nunca has hecho antes. Desciendes barrancos, destrepas, haces rappel río abajo, sifones, etc, etc; y te das cuenta de que el cuerpo no es atemporal, por mucho que ciertas amigas se empeñen en ello. Y que los 33 pesan ligeramente al realizar ciertas actividades.
En cualquier caso, no hay que perder la compostura. Lo importante fue llegar al final. Y terminar los juegos. Los Juegos de siempre. Marcha, risas, fiestas hasta el amanecer, escasez de horas de sueño, más alcohol del debido, excursiones, más risas, más juegos, ¡hay que ver como le gustan estos juegos a un alma joven! y al terminar, un recuerdo agradable; un fin de semana de puente más.
domingo, abril 27, 2008
¿No te das cuenta de que es primavera?
Será por eso.
Porque es primavera.
Quizás por eso la realidad y la ficción se mezclan. Y las vidas de distintos personajes se difuminan.
Quizás por eso ninguno de ellos presta atención a su alrededor. No se presta atención al calor, a lo que pasa, al brillo de los ojos en el espejo. Simplemente se disfruta. Ellos de dejan llevar.
Aplicando el tercer género para separar lo propio de lo ajeno. Sin apenas poderlo distinguir. Enredados, como yo, en un laberinto, madeja de seda de arañas que aprovechan el placer por el riesgo y la escasez de prudencia.
En este mundo hay que tener dos ojos. Uno el del riesgo. El que se juega toda una noche caminando con los ojos vendados al borde de un precipicio por el placer de llegar a un sitio, quizás a punto de caer, pero rebosando adrenalina. El otro, el ojo prudente. El que compensa al anterior. El que opta por la opción más acertada, mas equilibrada, más certera.
Pero como un angel y un demonio, uno en cada hombro, ambos ojos no se llevan bien. Y en cada momento y en cada decisión es uno el que ha de imponerse.
Siempre cuando la decisión se toma ante una situación de riesgo.
Seguramente nadie sabe ya de que escribo. Supongo que será la resaca, el sol o la oscurida; quien sabe. mañana habrá que volver a la vida cotidiana. Pero hoy aún impera la nebulosa y perder el control. ¡me gusta tanto perder el control!
No obstante, centremos las letras, las frases, las palabras y hablemos de dos ejemplos mientras la música suena.
Esta música dedicada a una buena amiga.
Pero volvamos a centrarnos. Estábamos en el lado pragmático. Ese ojo que nos aconseja sensato.
Empieza un puente. Cuatro días. Mayo. Alguien se escapa; las horas de oficina se terminan. Atrás quedarán los marrones. Atrás quedará el tráfico de Madrid. Atrás quedará el sol agobiante en los parabrisas de un coche en la M30 cualquier viernes prepuente en Madrid. Porque en estos casos siempre es mejor usar el ave. Llegar...aparcar...sentarse en el tren y olvidarse, simplemente, de nuevo, dejarse llevar.
Pero un día así siempre guarda una sorpresa de última hora. Un marrón de esos en los que no puedes evitar acordarte de todo. Minutos apurados, tensión, apaños de última hora para saltar al coche apenas una hora antes de que salga el tren. Los acompañantes esperan ya en la estación. Atocha está a tope. Los billetes, por supuesto, en un coche que sale ahora de la obra. Como Atocha están también la carretera de entrada a Madrid, llena de ansiosos españolitos que buscan su camino de espape en cuanto el calendario les da una oportunidad. Claxon, conexiones telefónicas, acelerones, frenadas, tensión en el atasco, las calles atascadas.
Es entonces cuando la realidad se hace evidente. No es posible llegar, aparcar y entrar al tren a tiempo. Poco tiempo. Pero el justo para que todo el plan se desmorone en un abrir y cerrar de ojos.
Sin embargo nuestro ojo sensato, prudente, nos da la solución. Cierto es que parece arriesgado. Supongo que para decir aquello de "en el riesgo está el placer". Pero es un riesgo controlado.
En las gruas todo el mundo quiso, cuatro días después, conocer a aquella intrépida persona que había dejado el coche en plena salida de autobuses, en doble fila, delante de la cúpula de Atocha. Bajando deprisa, sin un minuto que perder, cogiendo la maleta y cerrando el coche ante la cara atónita de conductores y transeuntes, viajeros, que ni si quiera se atrevieron a decir nada.
La multa es el precio de unas vacaciones para un grupo de amigos. Un precio ¿alto o bajo? Bajo, al menos pienso yo...
En otro punto de la ciudad, también un viernes cualquiera, quizás ese mismo, quizás otro, quedamos para comer. Unos amigos, quizás en algunos casos simples conocidos. Comida replicada que se repite para una puesta al día. Pero, ¡ay la primavera!
No sé, nadie sabe muy bien como empezó aquello. Supong que fue una cuestión de dados. Alguien tiró los dados en el tapete equivocado. Y los dados cayeron, rodaron y marcaron un 12 jugando a un 7. Un doce pierde. Pero es una pequeña victoria. El número más alto. Aún que no sea una victoria de acuerdo con las reglas. Pero llegado a ese punto, supongo que a nadie le importan las reglas.
No encuentro explicación a como todo el mundo se fue y el alma de este, Hugh se quedó sentada en la mesa junto a aquella dama de porte elegante, sonrisa joven y provocadora y pañuelo atado al cuello provocador...como el cigarro que lentamente se consumía entre sus dedos.
¡cuentame! ponme al día pero hazlo con calma...recuerdame otros sitios y otros lugares y arrastrame hasta una tarde de sol en el templo de Debod. Haz que la tierra húmeda del cesped recien regado ponga mi piel de gallina. Hagamos que la velada sea perfecta.
Supongo que desde una visión exterior y objetiva aquello era lo que tenía que ser. Pero envueltos en las risas y los juegos de una tarde cualquiera es difícil darse cuenta de por donde se mueven las sensaciones.
Pero no nos dejemos llevar. La comida fue eso, una simple comida. El café no tuvo nada más de especial. Un bombón de chocolate en el platito a lo sumo. Salir de allí rozandos las manos debió ser un signo que aquella alma aturullada no atisbó a ver.
Sin embargo, el paseo entre risas, entre toques, roces inocentes en torno al edificio faraónico justo a las puertas de Madrid, bajo la mirada despistada de la Plaza de España no se pudo pasar por alto.
Allí el ojo sensato avisó por activa y por pasiva. Dijo que aquello no era lo correcto. Pero el ojo sensato acabó cerrándose dejandose llevar por las sensaciones, el placer y los deseos de lujuria.
Cuando aquellos dedos soltaron el nudo que ataba el pañuelo a aquel cuello cálido supe que no habría vuelta atrás.
De nada sirven en estas ocasiones la imagen de aquel anillo de oro blanco con el que siempre juegan las manos de aquella dama de tez morena. Tampoco la de aquel viaje todos juntos compartiendo vinos el buen marido y el amigo dicharachero. De nada sirvieron los remordimientos y la culpabilidad. Porque el ojo más arriesgado sacaba el máximo partido de la calidez de unos labios, de la sensualidad de unos ojos qe se dejan llevar por el placer y del deseo, el ansia por la pasión.
Así es la primavera. Un juego entre angelitos y demonios. Uno a cada lado, uno en cada hombro. Un juego como este de los posts. De palabras que siembran la duda, que se tornan en este caso con un tono más provocador y algo ajeno a este blog pero que espero que ayuden al lector a desperezarse en esta calida tarde de domingo que se abre al florido mayo primaveral de este 2008.
Porque es primavera.
Quizás por eso la realidad y la ficción se mezclan. Y las vidas de distintos personajes se difuminan.
Quizás por eso ninguno de ellos presta atención a su alrededor. No se presta atención al calor, a lo que pasa, al brillo de los ojos en el espejo. Simplemente se disfruta. Ellos de dejan llevar.
Aplicando el tercer género para separar lo propio de lo ajeno. Sin apenas poderlo distinguir. Enredados, como yo, en un laberinto, madeja de seda de arañas que aprovechan el placer por el riesgo y la escasez de prudencia.
En este mundo hay que tener dos ojos. Uno el del riesgo. El que se juega toda una noche caminando con los ojos vendados al borde de un precipicio por el placer de llegar a un sitio, quizás a punto de caer, pero rebosando adrenalina. El otro, el ojo prudente. El que compensa al anterior. El que opta por la opción más acertada, mas equilibrada, más certera.
Pero como un angel y un demonio, uno en cada hombro, ambos ojos no se llevan bien. Y en cada momento y en cada decisión es uno el que ha de imponerse.
Siempre cuando la decisión se toma ante una situación de riesgo.
Seguramente nadie sabe ya de que escribo. Supongo que será la resaca, el sol o la oscurida; quien sabe. mañana habrá que volver a la vida cotidiana. Pero hoy aún impera la nebulosa y perder el control. ¡me gusta tanto perder el control!
No obstante, centremos las letras, las frases, las palabras y hablemos de dos ejemplos mientras la música suena.
Esta música dedicada a una buena amiga.
Pero volvamos a centrarnos. Estábamos en el lado pragmático. Ese ojo que nos aconseja sensato.
Empieza un puente. Cuatro días. Mayo. Alguien se escapa; las horas de oficina se terminan. Atrás quedarán los marrones. Atrás quedará el tráfico de Madrid. Atrás quedará el sol agobiante en los parabrisas de un coche en la M30 cualquier viernes prepuente en Madrid. Porque en estos casos siempre es mejor usar el ave. Llegar...aparcar...sentarse en el tren y olvidarse, simplemente, de nuevo, dejarse llevar.
Pero un día así siempre guarda una sorpresa de última hora. Un marrón de esos en los que no puedes evitar acordarte de todo. Minutos apurados, tensión, apaños de última hora para saltar al coche apenas una hora antes de que salga el tren. Los acompañantes esperan ya en la estación. Atocha está a tope. Los billetes, por supuesto, en un coche que sale ahora de la obra. Como Atocha están también la carretera de entrada a Madrid, llena de ansiosos españolitos que buscan su camino de espape en cuanto el calendario les da una oportunidad. Claxon, conexiones telefónicas, acelerones, frenadas, tensión en el atasco, las calles atascadas.
Es entonces cuando la realidad se hace evidente. No es posible llegar, aparcar y entrar al tren a tiempo. Poco tiempo. Pero el justo para que todo el plan se desmorone en un abrir y cerrar de ojos.
Sin embargo nuestro ojo sensato, prudente, nos da la solución. Cierto es que parece arriesgado. Supongo que para decir aquello de "en el riesgo está el placer". Pero es un riesgo controlado.
En las gruas todo el mundo quiso, cuatro días después, conocer a aquella intrépida persona que había dejado el coche en plena salida de autobuses, en doble fila, delante de la cúpula de Atocha. Bajando deprisa, sin un minuto que perder, cogiendo la maleta y cerrando el coche ante la cara atónita de conductores y transeuntes, viajeros, que ni si quiera se atrevieron a decir nada.
La multa es el precio de unas vacaciones para un grupo de amigos. Un precio ¿alto o bajo? Bajo, al menos pienso yo...
En otro punto de la ciudad, también un viernes cualquiera, quizás ese mismo, quizás otro, quedamos para comer. Unos amigos, quizás en algunos casos simples conocidos. Comida replicada que se repite para una puesta al día. Pero, ¡ay la primavera!
No sé, nadie sabe muy bien como empezó aquello. Supong que fue una cuestión de dados. Alguien tiró los dados en el tapete equivocado. Y los dados cayeron, rodaron y marcaron un 12 jugando a un 7. Un doce pierde. Pero es una pequeña victoria. El número más alto. Aún que no sea una victoria de acuerdo con las reglas. Pero llegado a ese punto, supongo que a nadie le importan las reglas.
No encuentro explicación a como todo el mundo se fue y el alma de este, Hugh se quedó sentada en la mesa junto a aquella dama de porte elegante, sonrisa joven y provocadora y pañuelo atado al cuello provocador...como el cigarro que lentamente se consumía entre sus dedos.
¡cuentame! ponme al día pero hazlo con calma...recuerdame otros sitios y otros lugares y arrastrame hasta una tarde de sol en el templo de Debod. Haz que la tierra húmeda del cesped recien regado ponga mi piel de gallina. Hagamos que la velada sea perfecta.
Supongo que desde una visión exterior y objetiva aquello era lo que tenía que ser. Pero envueltos en las risas y los juegos de una tarde cualquiera es difícil darse cuenta de por donde se mueven las sensaciones.
Pero no nos dejemos llevar. La comida fue eso, una simple comida. El café no tuvo nada más de especial. Un bombón de chocolate en el platito a lo sumo. Salir de allí rozandos las manos debió ser un signo que aquella alma aturullada no atisbó a ver.
Sin embargo, el paseo entre risas, entre toques, roces inocentes en torno al edificio faraónico justo a las puertas de Madrid, bajo la mirada despistada de la Plaza de España no se pudo pasar por alto.
Allí el ojo sensato avisó por activa y por pasiva. Dijo que aquello no era lo correcto. Pero el ojo sensato acabó cerrándose dejandose llevar por las sensaciones, el placer y los deseos de lujuria.
Cuando aquellos dedos soltaron el nudo que ataba el pañuelo a aquel cuello cálido supe que no habría vuelta atrás.
De nada sirven en estas ocasiones la imagen de aquel anillo de oro blanco con el que siempre juegan las manos de aquella dama de tez morena. Tampoco la de aquel viaje todos juntos compartiendo vinos el buen marido y el amigo dicharachero. De nada sirvieron los remordimientos y la culpabilidad. Porque el ojo más arriesgado sacaba el máximo partido de la calidez de unos labios, de la sensualidad de unos ojos qe se dejan llevar por el placer y del deseo, el ansia por la pasión.
Así es la primavera. Un juego entre angelitos y demonios. Uno a cada lado, uno en cada hombro. Un juego como este de los posts. De palabras que siembran la duda, que se tornan en este caso con un tono más provocador y algo ajeno a este blog pero que espero que ayuden al lector a desperezarse en esta calida tarde de domingo que se abre al florido mayo primaveral de este 2008.
miércoles, abril 16, 2008
Fotografías en blanco y negro
Todo aquel que me conozca sabe que no soy ningún experto en arte. Los cuadros, las pinturas, las fotografías, todas me resultan interesantes cuando alguien consigue atraerme hacia ellas pero ellas, por si mismas, no despiertan mi interés.
La pasión que la música, la literatura o la escritura desgarran en mi no se hace eco en el resto de caso.
Pero quizás hay una escepción, las fotos en blanco y negro. Y no ya fotos antiguas tornando a sepia, sino fotos nuevas, modernas, sobradas a propósito de resolución.
No voy a hablar aquí de grandes colecciones o fotógrafos. Sabéis que no es mi estilo. Yo prefiero olvidarme de esos detalles y centrarme en el amarillo abrasador que se ve a través del blanco grisaceo de un desierto detenido en el tiempo, en medio de un Egipto comido por la arena. Prefiero perderme en el violeta de una flor, una orqídea en todo su esplendor, escondida en miles de puntos blancos y negros dentro de un invernadero. Quiero dejarme llevar por las emociones de un día de playa, intenso en el blanco de un sol que ilumina un mar en calma, recuerdo de la infancia imaginaria transmitida en unos libros de Enid Blyton; quiero dejarme llevar por las sensaciones de una piel gris que se torna sensual al tacto de unas manos, quiero dejarme llevar por el silencio de unas imágenes perdidas.





El blanco y negro elimina lo superfluo; ayuda a concentrarnos en lo que la foto nos quiere transmitir.
El blanco y negro detiene el tiempo. Permite que nos ensimismemos en la imagen y nos olvidemos de lo que nos rodea. Que hagamos una historia a partir de un flash. Una vida para las personas, para los lugares.
Una vida en la que meternos para escabullirnos, por un rato, de la nuestra.
La pasión que la música, la literatura o la escritura desgarran en mi no se hace eco en el resto de caso.
Pero quizás hay una escepción, las fotos en blanco y negro. Y no ya fotos antiguas tornando a sepia, sino fotos nuevas, modernas, sobradas a propósito de resolución.
No voy a hablar aquí de grandes colecciones o fotógrafos. Sabéis que no es mi estilo. Yo prefiero olvidarme de esos detalles y centrarme en el amarillo abrasador que se ve a través del blanco grisaceo de un desierto detenido en el tiempo, en medio de un Egipto comido por la arena. Prefiero perderme en el violeta de una flor, una orqídea en todo su esplendor, escondida en miles de puntos blancos y negros dentro de un invernadero. Quiero dejarme llevar por las emociones de un día de playa, intenso en el blanco de un sol que ilumina un mar en calma, recuerdo de la infancia imaginaria transmitida en unos libros de Enid Blyton; quiero dejarme llevar por las sensaciones de una piel gris que se torna sensual al tacto de unas manos, quiero dejarme llevar por el silencio de unas imágenes perdidas.





El blanco y negro elimina lo superfluo; ayuda a concentrarnos en lo que la foto nos quiere transmitir.
El blanco y negro detiene el tiempo. Permite que nos ensimismemos en la imagen y nos olvidemos de lo que nos rodea. Que hagamos una historia a partir de un flash. Una vida para las personas, para los lugares.
Una vida en la que meternos para escabullirnos, por un rato, de la nuestra.
viernes, abril 11, 2008
Una noche por sorpresa...
...te puede ocurrir algo que no esperas.
Una visita sorpresa.
Alguien a quien siempre preferimos ignorar.
Tenemos una vida tan complicada, atareada, pendiente de los quehaceres diarios, de las obligaciones familiares, de nuestros intereses, etc, que no nos damos cuenta de lo frágiles que somos.
Si, hablo de que nos llegue una visita de esta señora así por sorpresa.

Y quizás os preguntéis por qué voy a elegir este tema para un viernes por la tarde, con todo el fin de semana por delante...
Pero permitidme que muestre una pícara sonrisa por la comisura de mis labios. Puesto que en estos días, no sé porqué me vino una idea un tanto macabra para algunos, simple divertida ocurrencia para mí y que debía compartir en este blog.
Yo creo que le tenemos miedo a la muerte porque nunca nos la han presentado. Todo el mundo habla mal de ella. Y claro, cuando un día viene a vernos y se presenta de visita, la recibimos con rechazo, bronca, etc. Como mucho, resignación. Yo desde luego, si fuera la muerte y me recibieran así, desde luego que usaría mi guadaña. Porque, eso si, tiene pinta de ser un poco clásica en su indumentaria. Y claro, con tanto clasicismo, se sigue yendo con la guadaña.
Pero imagina como sería su recibimiento si en lugar de con miedo, temor, etc, la recibimos tranquilamente, la invitamos a un café, o a una copa, quizás a cenar. Si, ya sé que si te ven cenando con ella en un restaurante, igual aplican el "reervado el derecho de admisión" por aquello de que auyenta a los clientes. Pero oye, mucho mejor. Siempre puedes hacer una cena más íntima en casa, con velitas. Estoy seguro de que ese ambiente la dejaría totalmente encandilada.
Y no penséis mal si ya lo habéis hecho. Pero por mucho que digan las malas lenguas, debajo de esa túnica negra estoy seguro de que hay un cuerpo joven y escultural. Lo que pasa es que hay mucha envidia en el mundo y se transmite enseguida la mala imagen. Ya sabéis, las malas lenguas. Mucha gente que no tiene otra cosa que hacer.
Porque anda que no sería sorprendete un streaptease de la muerte. Que fuerte. Ni siquiera en uno de esos programas de La Sexta. En el antiguo tomate la hubieran entrevistado. Y seguro que se convertía en una celebridad. Bueno, más de lo que ya es, porque ya sabemos como es este pais nuestro.
En fin, amigos, no me entendáis mal; todos sabemos la tristeza que envuelve a estas cosas pero, por una vez y a modo de crappy comedy club, he querido saltar alguna risa a partir de la fatalidad misma. Hay que reirse de la propia sombra. ¿o me decis que no se aparece una sonrisa en la cara al pensar en una sensual dama debajo de tan singular atuendo?
Feliz fin de semana.
Una visita sorpresa.
Alguien a quien siempre preferimos ignorar.
Tenemos una vida tan complicada, atareada, pendiente de los quehaceres diarios, de las obligaciones familiares, de nuestros intereses, etc, que no nos damos cuenta de lo frágiles que somos.
Si, hablo de que nos llegue una visita de esta señora así por sorpresa.

Y quizás os preguntéis por qué voy a elegir este tema para un viernes por la tarde, con todo el fin de semana por delante...
Pero permitidme que muestre una pícara sonrisa por la comisura de mis labios. Puesto que en estos días, no sé porqué me vino una idea un tanto macabra para algunos, simple divertida ocurrencia para mí y que debía compartir en este blog.
Yo creo que le tenemos miedo a la muerte porque nunca nos la han presentado. Todo el mundo habla mal de ella. Y claro, cuando un día viene a vernos y se presenta de visita, la recibimos con rechazo, bronca, etc. Como mucho, resignación. Yo desde luego, si fuera la muerte y me recibieran así, desde luego que usaría mi guadaña. Porque, eso si, tiene pinta de ser un poco clásica en su indumentaria. Y claro, con tanto clasicismo, se sigue yendo con la guadaña.
Pero imagina como sería su recibimiento si en lugar de con miedo, temor, etc, la recibimos tranquilamente, la invitamos a un café, o a una copa, quizás a cenar. Si, ya sé que si te ven cenando con ella en un restaurante, igual aplican el "reervado el derecho de admisión" por aquello de que auyenta a los clientes. Pero oye, mucho mejor. Siempre puedes hacer una cena más íntima en casa, con velitas. Estoy seguro de que ese ambiente la dejaría totalmente encandilada.
Y no penséis mal si ya lo habéis hecho. Pero por mucho que digan las malas lenguas, debajo de esa túnica negra estoy seguro de que hay un cuerpo joven y escultural. Lo que pasa es que hay mucha envidia en el mundo y se transmite enseguida la mala imagen. Ya sabéis, las malas lenguas. Mucha gente que no tiene otra cosa que hacer.
Porque anda que no sería sorprendete un streaptease de la muerte. Que fuerte. Ni siquiera en uno de esos programas de La Sexta. En el antiguo tomate la hubieran entrevistado. Y seguro que se convertía en una celebridad. Bueno, más de lo que ya es, porque ya sabemos como es este pais nuestro.
En fin, amigos, no me entendáis mal; todos sabemos la tristeza que envuelve a estas cosas pero, por una vez y a modo de crappy comedy club, he querido saltar alguna risa a partir de la fatalidad misma. Hay que reirse de la propia sombra. ¿o me decis que no se aparece una sonrisa en la cara al pensar en una sensual dama debajo de tan singular atuendo?
Feliz fin de semana.
lunes, abril 07, 2008
Hoy te quiero contar
Quiero comenzar este post con una canción. COn una canción de cierta melancolía. Porque este Bosco siempre melancólico está últimamente demasiado jovial, vivo y activo. Y puesto que me gusta, más no quiero olvidar el placer de la melancolía, dejo esta canción para despertar vuestras mentes al escuchar mientras leéis, en este lunes que amenaza lluvia después de que el sol calentara esta amada y odiada Madrid.
Y mientras yo mismo pienso en el poco sentido de las palabras anteriores, reflexiono sobre varios acontecimientos de los últimos días, que quería postear aquí, enlazados aunque sin lazo, en ese tono camuflador de las letras que juegan siempre en este rincón de la red.
Supongo que como la foto, esa foto de una persona que se esconde en la sombra o penumbra de una puesta de sol y que después del pasado jueves e torna en otra imagen, ligeramente diferente, perdiendo detalles de camuflaje.
Porque, si, querida Superflika, el pasado jueves se produjo aquel acontecimiento tiempo atrás comentado del encuentro de los dos Boscos. Algunos fieles de la red pudieron comprobar en persona que efectivamente somos dos personajes totalmente diferentes. Una exposición nos guió através de la noche, del atardecer, hasta unas cañas y una amena conversación en la que la sorpresa supo surgir de su camuflaje, esta vez en forma de uniforme, traje laboral.
Y que no seguirá guiando hasta un próximo cordero. Hagan ustedes juego con sus papeles. Cocineros, músicos DJs, barmans y demás.
Pero demos paso a un finde tranquilo. Un fin de semana que despertó ciertos mosqueos pasajeros y momentáneos y que me llevaron el sábado al atardecer a disfrutar del calor primaveral de este Madrid a la sombra de unos vecinos de Aranjuez que en las mismas puertas del palacio real se amotinaban contra Godoy en una apasionada representación de los tiempos convulsos cuyo bicentenario conminamos en celebrar este año.
Juegos de paciencia y colores en una noche de conversacón y confesiones que terminó de forma abrupta sin nada nuevo que aportar.
Pero el premio, el pastel de celebración habrá de llegar en domingo, en tertulia de tarde personal con una estrella que brilla en la oscuridad, ojos marrones y mechas rubias que brillan en un flash que desde las seis, en menos de un abrir y cerrar de ojos, se convierte en las once de un domingo que torna su melancolía en risas incontenibles que el público incómodo de un vips mira de reojo en la esquina junto a la ventana.
Tácticas y juegos, análisis y vida. Mucha vida de primavera que la sangre altera. Y es que todo pinta que resurge el río por su cauce, que las flores brotan a su paso y que el viento bendice el curso de los acontecimientos con su brisa apacible.
Echo de menos algunas de las caras de siempre en los nuevos senderos que se abren pero los senderos no siempre siguen paralelos por el mundo. Y lo bonito es que las almas siempre pueden saltar de sendero en sendero visitando a los siempre buenos camaradas.
Un oso polar que descubre la primavera siempre la disfruta más, preso en la novedad, aunque sienta como le guía a la muerte y le arda la piel.
martes, abril 01, 2008
Y de repente, es primavera no solo en El Corte Inglés
Si, ya sé que aún no hace tanto calorcito, que de repente nos llueve, que el marzo ventoso no termina de azotarnos; que las personas de esta ciudad atolondrada no acaban de confiarse y quitarse los pesados abrigos; que la sangre no está del todo alterada, aunque nunca se sabe...
Pero lo cierto es que hoy me he dado cuenta de que es Primavera.
Y no me he fijado en las gentes de la calle. Ni siquiera en esas flores que seugro que el ayuntamiento a plantado por todo el centro dela ciudad. Ni siquiera he caminado por el retiro ni he sufrido un ataque de alergia.
Pero hoy he sentido que vivía en Primavera.
Y hay años en los que la pirmavera me sorprende con unos rayos de sol caliente en la cara. Tampoco así ha sido esta vez.
Pero...
Pero a pesar de la carga extra me siento fugaz. Ganas de hacer cosas, de salir, de olvidarme del sueño (menos por las mañanas temprano, claro), de andar por la calle.
Tomar un café en una esquina olvidada pudiendo estar en manga corta; tirarme en el cesped al sol 2 minutos y reir como un loco como en los tiempos de la universidad. No porque riera entonces, sino riendo de lo que pensarán los demás.
Será la alegría contagiosa de mi siempre querida Granada, traida este pasado fin de semana por una grata visita.
Granada es la primavera por autonomasia. Sus jardines no llegan a morir en invierno y su cielo siempre guarda un tinte de luz para los más nostálgicos del buen tiempo.
El clima es agradecido y los primeros atisbos y a ellos el solo simepre sonrie incluso en los primeros atisbos de calor. E incluso cuando el verano se vaya por nuestra izquierda, el otoño dejara cálidos todos de colores en las murallas de la Alhambra, vistas con misterio desde el Carmen.
El frío invierno, volverá a tornar colores amarillos y ocres en el reflejo de la Nieve de la Sierra Nevada a las afueras de la ciudad.
Granada y Primavera son sinónimos de cruces de Mayo, tonos rojos de sangre viva, de estudiantes que viven la noche, noches de blanco satén manchado del rojo de la pasión, símbolo de la vida.

Entre tanto, mientras el sol de verdad llega, nos quedamos en Madrid, noches de luz y de color que pronto, con el verano, también será Mediterraneo
Besos de Primavera
Pero lo cierto es que hoy me he dado cuenta de que es Primavera.
Y no me he fijado en las gentes de la calle. Ni siquiera en esas flores que seugro que el ayuntamiento a plantado por todo el centro dela ciudad. Ni siquiera he caminado por el retiro ni he sufrido un ataque de alergia.
Pero hoy he sentido que vivía en Primavera.
Y hay años en los que la pirmavera me sorprende con unos rayos de sol caliente en la cara. Tampoco así ha sido esta vez.
Pero...
Pero a pesar de la carga extra me siento fugaz. Ganas de hacer cosas, de salir, de olvidarme del sueño (menos por las mañanas temprano, claro), de andar por la calle.
Tomar un café en una esquina olvidada pudiendo estar en manga corta; tirarme en el cesped al sol 2 minutos y reir como un loco como en los tiempos de la universidad. No porque riera entonces, sino riendo de lo que pensarán los demás.
Será la alegría contagiosa de mi siempre querida Granada, traida este pasado fin de semana por una grata visita.
Granada es la primavera por autonomasia. Sus jardines no llegan a morir en invierno y su cielo siempre guarda un tinte de luz para los más nostálgicos del buen tiempo.
El clima es agradecido y los primeros atisbos y a ellos el solo simepre sonrie incluso en los primeros atisbos de calor. E incluso cuando el verano se vaya por nuestra izquierda, el otoño dejara cálidos todos de colores en las murallas de la Alhambra, vistas con misterio desde el Carmen.
El frío invierno, volverá a tornar colores amarillos y ocres en el reflejo de la Nieve de la Sierra Nevada a las afueras de la ciudad.
Granada y Primavera son sinónimos de cruces de Mayo, tonos rojos de sangre viva, de estudiantes que viven la noche, noches de blanco satén manchado del rojo de la pasión, símbolo de la vida.

Entre tanto, mientras el sol de verdad llega, nos quedamos en Madrid, noches de luz y de color que pronto, con el verano, también será Mediterraneo
Besos de Primavera
lunes, marzo 24, 2008
Un poquito de calor, ¡por favor!
La vuelta al trabajo siempre da pereza. Da igual lo poco o mucho que haya desconectado uno que ese primer día, hoy, se vuelve cuesta arriba, más si los temas se agolpan en la casilla de entrada y las salidas tienen fecha inmediata.
Pero no queda más que superarlo. Y para ello he decidido quedarme por aquí la hora de comer, para darme a la lectura de los blogs amigos y para escribir esta nota mientras escucho una canción, solo una vez, por favor, pues aparte de los 20 min de descanso, también quiero aprovechar el break de la comida para adelantar...
Y quería hablar del clima. De como nos influye en nuestras costumbres, en nuestras formas de actuar, en el que hacer diario...
Venía yo de vuelta del caribe pensando que el primer post tendría que tratar de la música que se lleva en la sangre, del merengue, de mangas cortas y cuerpos agotados por el baile continuo, sosegado, sensual, frenético. Pieles tostadas gastadas por el sol diario. Pero no ha sido posible.
Un algo dentro de mi, tan asociado a este clima madrileño de viento sin lluvia, de sol sin calor me hace volver a la música más siniestra que vaga en el ambiente de un edificio cerrado, oscuro, con un cielo encapotado ahí fuera.
Así mientras Depeche suena, en mi mente suena Juan Luis Guerra; mientras en mi mente se juntan planes de negocio y visiones estratégicas, cifras y ventas, en mi corazón noto las manos sensuales que palpan durante el baile, al roce de los dedos, noto el sol caliente en mis mejillas, y el frío viento al salir del agua por encima del traje de neopreno (que por cierto, aquellos que buceéis, por favor, cuando podáis, no dejéis de ir a Santa Catalina, un auténtico paraiso submarino)
Podría estar toda la tarde hablando de cocktails (terrorista y todos, prometo que cuando haga una fiesta al respecto, seréis de los primeros invitados para probarlos), de bailes, de música, de sol y de playa. Pero el deber me llama.
Entre tanto, solo un par de fotos. Por aquello de que recordar es volver a vivir.
domingo, marzo 09, 2008
What do you like more?
A mi definitivamente lo que más me gusta son los cocktails.
Si, eso de tomarse un combinado, algo más de duros, on the rocks, o el tradicional refresco...no, yo prefiero los cocktails.
Es por eso que hace tiempo ya que me decidí a aprender a prepararlos.
Y no es que pueda decir que soy un Tom Cruise en cocktail

Sin embargo, siempre he pensado que los cocktails no están bien valorados. Cualquiera acaba prefiriendo su Cacique con CocaCola antes que aventurarse a pedir siquiera un mojito o una caipirinha, por hablar de algunos de los más conocidos.
Los cocktails tienen sus peculiaridades. Hablan de las personas. Hablan de momentos, de historias, de fiestas, de sentimientos de amores...
Siempre me ha gustado mucho la brisa marina.

El azul intenso me trae recuerdos de piscina, entre limas y limones, de veranos en Madrid en el cesped en noches que nunca terminan. Me trae sonrisas a la cara. Me pone chispas en la lengua de su Ginger Ale tocado por el corazón, Curaçao Azul...
Es difícil encontrar palabras para describir imágenes que quedan en el recuerdo. Como una tarde aparece de improviso. Poca ropa, agua, música, unos brazaletes de papel verdes y amarillos que siguen el son de una procesión casi como de una carroza brasileira. De una etapa.
Ocean Brise es el cocktail del atardecer de verano. De la playa, del mar...
Pero decididamente es un cocktail frío, sin vida. Muerto Como un cadaver que flota a la mañana siguiente víctima de si mismo en El Graduado.
Yo prefiero el cocktail vivo, vibrante, rojo granadina de un beso infernal.

Un beso vibrante mezcla de calor, humedad, sudor, símbolo de un corazón acelerado, palpitante, de una mirada pícara, juguetona, atractiva, de un gesto provocador, desafiante, retador que pide guerra.
Un rojo que pierde su intensidad disuelto en la lengua que paladea su gusto. Un coche que hace rugir su motor, unas gafas de sol, una carretera que nunca termina, que vive las vibraciones protegido por sus aortiguadores. Un utilitario que se siente Ferrari a 100 por hora. Un Ibiza, un Panda, una noche a la luz de las estrellas.

Claro que el tiempo hace que el rojo se vuelva rosa. Que la vida se pierda entre ritos cotidianos. Y que la noche nos vista de smoking. Son trajes largos para las damas, espaldas al descubierto sin fin, lujo sin pudor en ágapes de empresas, de noches de blanco satén que se esconden tras una fiesta, una máscara, un vals, que esconde en el brillo de las burbujas del champagne de su beso dorado.
Muchos besos en esta noche cocktailera que no puede terminar de otra forma que tirado sobre una tumbona, viendo aparecer el sol...
Amarillo que se torna en blanco

Un blanco de toques caribeños, piña colada tocada de rojo pasión. Un día fuera, una semana en el caribe, una fiesta sorpresa con mucha gente que no llego a conocer. Un barco, una noche mecido a la luz de la luna bajo la lluvia por el mar, en un puerto, en una marina perdida de fiesta y locales, de mundo, de bailes, de movimientos, quizás, también, sensuales.
Los cocktails significan, para mi, momentos, instantes. Y en momentos como estos en los que la vida parece tomar nuevos derroteros, abriéndose a nuevas emociones, nuevas gentes y nuevos entornos, cobran aún más significado. Casi por el recuerdo que por lo que son ahora mismo. Pues la preparación es realmente importante.
No es igual para todo el mundo. No todos aquellos que trabajan preparando un cocktail ven en el líquido fluido una emoción. Suponque que quizás yo quiero verlo por el lado amateur que me corresponde. Sin embargo, os animo a que busquéis un momento para vuestro cocktail, que elijáis uno en especial y saboreeis su textura, su paladar, como si de un vino fino se tratara. Y dejéis que entre en vuestro organismo como una droga que se cuela por vuestras venas, que sintáis su calor.
El calor de la vida que nace con el sol y dura en la noche.
Mejor, la próxima vez, que daros al combinado de siempre.
En mi caso personal, os animo a que, además, dejéis unas líneas comentadas a este post. Sé que la vida me retiene de escribiros, de comentaros, de incluso leeros.
Pero aquí siguen las palabras, más espaciadas.
Así que esto os dejo. Parto hacia R.Dominicana una semanita que buena falta me hace (y no quiero dar envidia :-) ) y entre tanto os dejo esa pregunta.
y tu...¿qué cocktail vas a elegir esta noche? Solo tienes que convertirlo en un momento, una sensación o un recuerdo.
Ahora es tu momento.
Si, eso de tomarse un combinado, algo más de duros, on the rocks, o el tradicional refresco...no, yo prefiero los cocktails.
Es por eso que hace tiempo ya que me decidí a aprender a prepararlos.
Y no es que pueda decir que soy un Tom Cruise en cocktail

Sin embargo, siempre he pensado que los cocktails no están bien valorados. Cualquiera acaba prefiriendo su Cacique con CocaCola antes que aventurarse a pedir siquiera un mojito o una caipirinha, por hablar de algunos de los más conocidos.
Los cocktails tienen sus peculiaridades. Hablan de las personas. Hablan de momentos, de historias, de fiestas, de sentimientos de amores...
Siempre me ha gustado mucho la brisa marina.
El azul intenso me trae recuerdos de piscina, entre limas y limones, de veranos en Madrid en el cesped en noches que nunca terminan. Me trae sonrisas a la cara. Me pone chispas en la lengua de su Ginger Ale tocado por el corazón, Curaçao Azul...
Es difícil encontrar palabras para describir imágenes que quedan en el recuerdo. Como una tarde aparece de improviso. Poca ropa, agua, música, unos brazaletes de papel verdes y amarillos que siguen el son de una procesión casi como de una carroza brasileira. De una etapa.
Ocean Brise es el cocktail del atardecer de verano. De la playa, del mar...
Pero decididamente es un cocktail frío, sin vida. Muerto Como un cadaver que flota a la mañana siguiente víctima de si mismo en El Graduado.
Yo prefiero el cocktail vivo, vibrante, rojo granadina de un beso infernal.
Un beso vibrante mezcla de calor, humedad, sudor, símbolo de un corazón acelerado, palpitante, de una mirada pícara, juguetona, atractiva, de un gesto provocador, desafiante, retador que pide guerra.
Un rojo que pierde su intensidad disuelto en la lengua que paladea su gusto. Un coche que hace rugir su motor, unas gafas de sol, una carretera que nunca termina, que vive las vibraciones protegido por sus aortiguadores. Un utilitario que se siente Ferrari a 100 por hora. Un Ibiza, un Panda, una noche a la luz de las estrellas.
Claro que el tiempo hace que el rojo se vuelva rosa. Que la vida se pierda entre ritos cotidianos. Y que la noche nos vista de smoking. Son trajes largos para las damas, espaldas al descubierto sin fin, lujo sin pudor en ágapes de empresas, de noches de blanco satén que se esconden tras una fiesta, una máscara, un vals, que esconde en el brillo de las burbujas del champagne de su beso dorado.
Muchos besos en esta noche cocktailera que no puede terminar de otra forma que tirado sobre una tumbona, viendo aparecer el sol...
Amarillo que se torna en blanco
Un blanco de toques caribeños, piña colada tocada de rojo pasión. Un día fuera, una semana en el caribe, una fiesta sorpresa con mucha gente que no llego a conocer. Un barco, una noche mecido a la luz de la luna bajo la lluvia por el mar, en un puerto, en una marina perdida de fiesta y locales, de mundo, de bailes, de movimientos, quizás, también, sensuales.
Los cocktails significan, para mi, momentos, instantes. Y en momentos como estos en los que la vida parece tomar nuevos derroteros, abriéndose a nuevas emociones, nuevas gentes y nuevos entornos, cobran aún más significado. Casi por el recuerdo que por lo que son ahora mismo. Pues la preparación es realmente importante.
No es igual para todo el mundo. No todos aquellos que trabajan preparando un cocktail ven en el líquido fluido una emoción. Suponque que quizás yo quiero verlo por el lado amateur que me corresponde. Sin embargo, os animo a que busquéis un momento para vuestro cocktail, que elijáis uno en especial y saboreeis su textura, su paladar, como si de un vino fino se tratara. Y dejéis que entre en vuestro organismo como una droga que se cuela por vuestras venas, que sintáis su calor.
El calor de la vida que nace con el sol y dura en la noche.
Mejor, la próxima vez, que daros al combinado de siempre.
En mi caso personal, os animo a que, además, dejéis unas líneas comentadas a este post. Sé que la vida me retiene de escribiros, de comentaros, de incluso leeros.
Pero aquí siguen las palabras, más espaciadas.
Así que esto os dejo. Parto hacia R.Dominicana una semanita que buena falta me hace (y no quiero dar envidia :-) ) y entre tanto os dejo esa pregunta.
y tu...¿qué cocktail vas a elegir esta noche? Solo tienes que convertirlo en un momento, una sensación o un recuerdo.
Ahora es tu momento.
miércoles, febrero 27, 2008
De repente un extraño
No se muy bien como ocurren estas cosas. De repente uno se encuentra mirando al cielo; hay luna llena cubierta de nubes que la ocultan. Las estrellas son un espejismo que de repente se vuelven nítidas. Sentimos el frío, el calor, ¿qué más da?
Y escuchamos una canción.
Una canción que por algún motivo marca un momento, un periodo, un día, unas horas; una canción cuya letra nada tiene que ver con lo que ocurre, con lo que te rodea pero que, de alguna forma, queda asociada indefinidamente.
Me gustan esos momentos por lo escasos que resultan. No porque no haya momentos entrañables, no porque no haya canciones. Sino porque la magia, la conexión, solo se da en ocasiones que podríamos llamar especiales.
Es viernes. Se me ha pasado la semana queriendo escribir unas líneas. El trabajo, ciertas obligaciones familiares, poco sueño y muchas tareas, algunas, ociosas, naturalmente.
Pero no podía pasar más tiempo sin ciertas referencias al fin de semana pasado, ese que comenzó en un coche, camino de Alicante, aquel que sorprendió en la noche junto al mar, muerto de frío, arrullado por el calor de las estrellas.
Un fin de semana diferente, de noches en un barco, de días de navegación frustada, de comidas y cenas, de gente nueva, de fiestas, de sabor iberoamericano, de historias del otro lado del océano, de juegos, rones, cocktails, estrellas, más estrellas, muchas más estrellas.
Y mientras el Madrid se piensa como ganar a la Roma, mientras los debates políticos colman la realidad en periódicos y televisiones, mientras la rutina y el trabajo colman el día a día, yo canto aquello de los Hombres G...
Hoy me siento bien. Dando volteretas esta vez he llegado al nuevo fin de semana. Donde por supuesto, una nueva fiesta Iberoamericana sorprenderá con canciones, cocktails y, quien sabe si, también, con un karaoke.
Y escuchamos una canción.
Una canción que por algún motivo marca un momento, un periodo, un día, unas horas; una canción cuya letra nada tiene que ver con lo que ocurre, con lo que te rodea pero que, de alguna forma, queda asociada indefinidamente.
Me gustan esos momentos por lo escasos que resultan. No porque no haya momentos entrañables, no porque no haya canciones. Sino porque la magia, la conexión, solo se da en ocasiones que podríamos llamar especiales.
Es viernes. Se me ha pasado la semana queriendo escribir unas líneas. El trabajo, ciertas obligaciones familiares, poco sueño y muchas tareas, algunas, ociosas, naturalmente.
Pero no podía pasar más tiempo sin ciertas referencias al fin de semana pasado, ese que comenzó en un coche, camino de Alicante, aquel que sorprendió en la noche junto al mar, muerto de frío, arrullado por el calor de las estrellas.
Un fin de semana diferente, de noches en un barco, de días de navegación frustada, de comidas y cenas, de gente nueva, de fiestas, de sabor iberoamericano, de historias del otro lado del océano, de juegos, rones, cocktails, estrellas, más estrellas, muchas más estrellas.
Y mientras el Madrid se piensa como ganar a la Roma, mientras los debates políticos colman la realidad en periódicos y televisiones, mientras la rutina y el trabajo colman el día a día, yo canto aquello de los Hombres G...
Hoy me siento bien. Dando volteretas esta vez he llegado al nuevo fin de semana. Donde por supuesto, una nueva fiesta Iberoamericana sorprenderá con canciones, cocktails y, quien sabe si, también, con un karaoke.
martes, febrero 19, 2008
Para vosotros
para vosotros que os conocí en la red, que nos visitamos virtualmente y que me permitisteis aprender a apreciar a ciertos grupos que de otra forma me habrían pasado desapercibidos.
Y a pesar de que algunos digan que esto es un concurso trasnochado.
En cualquier caso, creo que sabréis apreciar la noticia. Ahora solo falta que haya suerte.
http://www.abc.es/20080219/gente-ocio-tv-radio/autor-laura-lidera-votaciones_200802190643.html
Y a pesar de que algunos digan que esto es un concurso trasnochado.
En cualquier caso, creo que sabréis apreciar la noticia. Ahora solo falta que haya suerte.
http://www.abc.es/20080219/gente-ocio-tv-radio/autor-laura-lidera-votaciones_200802190643.html
martes, febrero 12, 2008
Es una lata...
...el trabajar.
Y no poder sacar un segundo para escribir unas líneas. Más son los cambios que vienen. Que siempre resultan en pequeños imprevistos.
Pero no nos quedemos en los detalles laborales, que mal que bien siguen ya siguen su camino encauzados por su sendero; quien sabe si el correcto o no...
Yo soy uno de esos tipos llenos de contradicciones. Muy práctico y frío a la hora de buscar los porqués a la vez que creyente porque sí, sin preguntar más, cuestión de Fé.
Quizás por eso siempre digo que el destino no existe que nosotros lo creamos con cada acción, en cada momento, a la vez que escribo posts como este, en el que voy a hablar de como los años bisiestos (o los que terminan en múltiplo e 4, tanto me da), tienen un algo especial para mi, pues forman parte de mi destino.
La vida es una sucesión de ciclos. Como la economía, paradojas de la vida. Momentos en los que a uno le va mejor, momentos en los que le va peor. Y no hablo de trabajo, no hablo de dinero, no hablo de salud siquiera (aunque todos ellos, sin duda, influyen enormemente especialmente cuando existe un problema grave). Hablo de sensaciones, de sentimientos, de días en los que sin que ocurra nada especial te sientes lleno de adrenalina dispuesta a desbordarse.
Tengo la sensación de que esos momentos se dan cíclicamente; si, cierto es que cada año tiene de todo, de lo bueno y de lo malo. Pero hay años especiales. Uno de cada cuatro en este caso.
No sé bien como distinguirlos. No sé bien como ocurre o por qué razón. Simplemente, un día, la rutina empieza a romperse. Pequeñas anécdotas, pequeños encuentros, pequeñas cosas que ocurren.
Como burbujas de agua que suben hasta escapar en una cazuela llena a punto de hervir. Sólo unos momentos más y ¡plaf! El agua estará saliendo por el borde, empapándolo todo. Y podremos disfrutar de esa sensación de humedad que da el vapor caliente en la cara.
Pero para eso está la primavera y el verano. Que el 2008, con sus sustos, sus crisis y sus cosas, huele a agua hervida.
No en vano es el año de la graduación.
Y no poder sacar un segundo para escribir unas líneas. Más son los cambios que vienen. Que siempre resultan en pequeños imprevistos.
Pero no nos quedemos en los detalles laborales, que mal que bien siguen ya siguen su camino encauzados por su sendero; quien sabe si el correcto o no...
Yo soy uno de esos tipos llenos de contradicciones. Muy práctico y frío a la hora de buscar los porqués a la vez que creyente porque sí, sin preguntar más, cuestión de Fé.
Quizás por eso siempre digo que el destino no existe que nosotros lo creamos con cada acción, en cada momento, a la vez que escribo posts como este, en el que voy a hablar de como los años bisiestos (o los que terminan en múltiplo e 4, tanto me da), tienen un algo especial para mi, pues forman parte de mi destino.
La vida es una sucesión de ciclos. Como la economía, paradojas de la vida. Momentos en los que a uno le va mejor, momentos en los que le va peor. Y no hablo de trabajo, no hablo de dinero, no hablo de salud siquiera (aunque todos ellos, sin duda, influyen enormemente especialmente cuando existe un problema grave). Hablo de sensaciones, de sentimientos, de días en los que sin que ocurra nada especial te sientes lleno de adrenalina dispuesta a desbordarse.
Tengo la sensación de que esos momentos se dan cíclicamente; si, cierto es que cada año tiene de todo, de lo bueno y de lo malo. Pero hay años especiales. Uno de cada cuatro en este caso.
No sé bien como distinguirlos. No sé bien como ocurre o por qué razón. Simplemente, un día, la rutina empieza a romperse. Pequeñas anécdotas, pequeños encuentros, pequeñas cosas que ocurren.
Como burbujas de agua que suben hasta escapar en una cazuela llena a punto de hervir. Sólo unos momentos más y ¡plaf! El agua estará saliendo por el borde, empapándolo todo. Y podremos disfrutar de esa sensación de humedad que da el vapor caliente en la cara.
Pero para eso está la primavera y el verano. Que el 2008, con sus sustos, sus crisis y sus cosas, huele a agua hervida.
No en vano es el año de la graduación.
domingo, febrero 03, 2008
Show Business
Mientras el entorno laboral sigue su camino de espinas, prefiero dedicarme a otros placeres más terrenales. Al menos más divertidos, quizás, también, más sensuales.
Pero no penséis mal. Hoy os voy a hablar, si no lo he hecho antes, de esa afición mía, el show business.
Un alma trajeada, sería, que cualquiera que se cruce con ella en la calle definiría como un hombre de negocios. Ese termino tan inglés e indefinido del business man.
Sin embargo quien se fija en detalle puede ver ciertas ropas que se esconden bajo la camisa y la corbata. Quien decide seguirle, encuentra la sorpresa al verle entrar en un teatro, un cine, o cualquier otro lugar donde haya un escenario.
Son tiempos no obstante, en que prefiere quedarse entre bambalinas. En las sombras, viendo como otros suben a la palestra a dar lo mejor de sí.
Muchos compañeros le echan en falta y le animan a volver.
Pero aún no me siento preparado para ello.
Esta semana, sin embargo, se han juntado varias coincidencias.
El miercoles me encontré sin esperarlo de espectador de una obra casera, muy dinámica; un grupo de teatro en inglés donde una amiga hacía gala de sus mejores dotes sobre el escenario. It's my party sorprendió y rompió moldes. No fue la mejor obra del mundo, tuvo sus errores, pero fue excepcional. Porque fue el resultado de el esfuerzo de un año de un grupo de personas y de su ilusión. Me pareció excelente el resultado. Y me alegré por ellos, por los aplausos, porqe muchas veces he estado ahí y se lo que se aprecian esos aplausos, el premio al esfuerzo.
Esta semana también tuve tiempo de retomar un viejo video, grabación de una obra musical del 2005. Tuve tiempo para montarla y dejarla lista para la presentación en público. El MammaMía Show. Uno casero, por supuesto. Si, ya sé que querríais que lo pusiera aquí, pero el resto de protagonistas podrían dejarme esteril si lo hago y no es plan.
También ha sido tiempo de vivir un poco de teatro en la vida real. No ya el laboral, que es un rollo. Los dramas nunca me han ido. Yo soy más de comedia.
De la comedia de las relaciones. De los juegos humanos. De los anuncios, de las funciones.
Funciones tearales
Claro que es difícil volver a hacer menciones aquí. La esterilidad me da mucho miedo de verdad.
Así que mientras busco alguna canción para esta tarde antes de salir a pasear bajo la lluvia madrileña, me quedo con un sueño. Kasandra's dream. Que no pudo ser. Aunque quizás si pueda ser algún día aquí cerca, en Zaragoza, donde en el desierto están construyendo las Vegas Europeas.
Para que aquellos que quieran casarse a lo Elvis no tengan que ir tan lejos.
Besos sensuales de domingo.
Pero no penséis mal. Hoy os voy a hablar, si no lo he hecho antes, de esa afición mía, el show business.
Un alma trajeada, sería, que cualquiera que se cruce con ella en la calle definiría como un hombre de negocios. Ese termino tan inglés e indefinido del business man.
Sin embargo quien se fija en detalle puede ver ciertas ropas que se esconden bajo la camisa y la corbata. Quien decide seguirle, encuentra la sorpresa al verle entrar en un teatro, un cine, o cualquier otro lugar donde haya un escenario.
Son tiempos no obstante, en que prefiere quedarse entre bambalinas. En las sombras, viendo como otros suben a la palestra a dar lo mejor de sí.
Muchos compañeros le echan en falta y le animan a volver.
Pero aún no me siento preparado para ello.
Esta semana, sin embargo, se han juntado varias coincidencias.
El miercoles me encontré sin esperarlo de espectador de una obra casera, muy dinámica; un grupo de teatro en inglés donde una amiga hacía gala de sus mejores dotes sobre el escenario. It's my party sorprendió y rompió moldes. No fue la mejor obra del mundo, tuvo sus errores, pero fue excepcional. Porque fue el resultado de el esfuerzo de un año de un grupo de personas y de su ilusión. Me pareció excelente el resultado. Y me alegré por ellos, por los aplausos, porqe muchas veces he estado ahí y se lo que se aprecian esos aplausos, el premio al esfuerzo.
Esta semana también tuve tiempo de retomar un viejo video, grabación de una obra musical del 2005. Tuve tiempo para montarla y dejarla lista para la presentación en público. El MammaMía Show. Uno casero, por supuesto. Si, ya sé que querríais que lo pusiera aquí, pero el resto de protagonistas podrían dejarme esteril si lo hago y no es plan.
También ha sido tiempo de vivir un poco de teatro en la vida real. No ya el laboral, que es un rollo. Los dramas nunca me han ido. Yo soy más de comedia.
De la comedia de las relaciones. De los juegos humanos. De los anuncios, de las funciones.
Funciones tearales
Claro que es difícil volver a hacer menciones aquí. La esterilidad me da mucho miedo de verdad.
Así que mientras busco alguna canción para esta tarde antes de salir a pasear bajo la lluvia madrileña, me quedo con un sueño. Kasandra's dream. Que no pudo ser. Aunque quizás si pueda ser algún día aquí cerca, en Zaragoza, donde en el desierto están construyendo las Vegas Europeas.
Para que aquellos que quieran casarse a lo Elvis no tengan que ir tan lejos.
Besos sensuales de domingo.
viernes, enero 25, 2008
Arte y enigmas
Anoche cenaba con alguien muy cercano a mí. Alguien que me contaba algunos problemas, algunas cosas del día a día. Hablábamos de las relaciones entre la gente. Del por qué de las cosas; de las actitudes, de los conportamientos, de las alegrías, de los enfados.
La conclusión fue que resulta muy difícil vivir con tantas complicaciones. Pensando tanto en qué pasará si hago esto o digo aquello, en si ofendes a alguien involuntariamente diciendo esto o lo otro...
Y si vives intentando pensar en todo eso, te pueden tachar de frío y calculador (una vez así lo hicieron conmigo). Maquiavélico, en términos de la época de los Borgia, nuestros antaño vecinos de Gandía.
Hoy se ha dado un paso más en la conjura en la que me veo envuelto en esta empresa donde estoy. Donde la gente habla con sonrisas de Joker, mata en las esquinas oscuras de los pasillos y juega este ajedrez particular.
Y en este paso, de repente, alguno de los que me rodean, se lleva, indirectamente, una puñalada.
Lo triste es que no puedo evitarlo. No puedo hacer nada porque las cosas se den de otra forma. Y encima, por mi propio interés, debo callar hasta que se haga público.
No es agradable.
Entre tanto recuerdo mi adolescencia, cuando me enganchaba a los juegos de rol y estrategia, dirijiendo ejércitos, luchas, personajes, tácticas, etc...Y recuerdo un personaje. Su nombre Thrawn. El adivinaba los puntos débiles de sus rivales estudiando sus obras de arte, las de su cultura...
Y me dejo llevar. Me dejo llevar en esta tarde de viernes. Depeche trae tranquilidad a mi cabeza, mis ojos se cierran e imagino el cielo que comienza a oscurecerse volviendose luminoso y claro en una carretera cerca del mar, muy lejos de aquí.
La conclusión fue que resulta muy difícil vivir con tantas complicaciones. Pensando tanto en qué pasará si hago esto o digo aquello, en si ofendes a alguien involuntariamente diciendo esto o lo otro...
Y si vives intentando pensar en todo eso, te pueden tachar de frío y calculador (una vez así lo hicieron conmigo). Maquiavélico, en términos de la época de los Borgia, nuestros antaño vecinos de Gandía.
Hoy se ha dado un paso más en la conjura en la que me veo envuelto en esta empresa donde estoy. Donde la gente habla con sonrisas de Joker, mata en las esquinas oscuras de los pasillos y juega este ajedrez particular.
Y en este paso, de repente, alguno de los que me rodean, se lleva, indirectamente, una puñalada.
Lo triste es que no puedo evitarlo. No puedo hacer nada porque las cosas se den de otra forma. Y encima, por mi propio interés, debo callar hasta que se haga público.
No es agradable.
Entre tanto recuerdo mi adolescencia, cuando me enganchaba a los juegos de rol y estrategia, dirijiendo ejércitos, luchas, personajes, tácticas, etc...Y recuerdo un personaje. Su nombre Thrawn. El adivinaba los puntos débiles de sus rivales estudiando sus obras de arte, las de su cultura...
Y me dejo llevar. Me dejo llevar en esta tarde de viernes. Depeche trae tranquilidad a mi cabeza, mis ojos se cierran e imagino el cielo que comienza a oscurecerse volviendose luminoso y claro en una carretera cerca del mar, muy lejos de aquí.
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