Bueno, he titulado esto verano porque es más en lo que pienso...que lo que hay...
En fin, difícil de entender, pero al comenzar el día de hoy he echado de menos el fin de semana.
Mañana me toca viajar y maldita la gracia que me hace ir a la sede central.
Así que mientras hago mi maleta, prefiero acordarme del fin de semana.
Muy divertido porque estuve en el 69 petalos, un sitio chulo que volveré a visitar. Con personajes muy variopintos. Y celebraciones del Sevilla campeón.
Pero lo mejor el domingo. Estuve viendo Fiebre Cubana, la última representación en la Latina. Y mereció sobrdamente la pena. Hacía tiempo que no asistía a un espectáculo de estos, algo de historia, pero más bien música y canciones, bailes, acrobatas, en suma recuerdos de la vieja y siempre querida Tropicana.
Desde el año pasado no estuve en una parecida, brasileña la música en aquella ocasión.
Y es que siempre está bien engancharse con este tipo de cosas. Y salir pensando que a ver cuando me pongo en forma, doy 5-10 años de clase y me dedico a los bailes. Así son los sueños, ya se sabe.
No tienen web, pero he encontrado un enlace para que os hagáis una idea. Si vais a La Habana, no os lo perdáis.
http://www.cubacom.net/tropicana/
¿Trabajo o placer? En cualquier caso, activo, dinámico, divertido, abierto, algo loco a veces, pero sobre todo vivo. Devorador de comentarios de ti, lector y, ahora escritor, locuaz, sensato, equilibrado, atado por la locura, buscador de tesoros, amante de las sorpresas, emprendedor, luchador interior, enemigo de uno mismo. En suma, humano.
lunes, junio 25, 2007
miércoles, junio 20, 2007
Harto de!
Acaba de entrar un mail explosivo. Ha ocurrido un pequeño desastre (laboralmente hablando) en un proyecto en Brasil.
Era algo que sabía que podía pasar. La semana pasada estuvimos trabajando muy duro para evitarlo y el viernes por la noche parecía totalmente arreglado. Sin embargo, a principios de esta semana se volvió a estropear.
Personalmente he dado la cara por el proyecto. Ayudando a otros y trabajando duro para sacarlo adelante.
Sin embargo, ahora que las cosas han salido mal, aquellos que tanto se apoyaban la semana pasada en mi organización para arreglarlo de todas formas y que tomaron la decisión final, ahora cargan sin pensarlo contra nosotros.
Cada vez soporto menos a los franceses. Y es que el tipo en cuestión es francés.
Y me jode decir esto porque no me gusta generalizar.
Pero lo cierto es que a estas alturas ya me da igual. Prefiero pasar de todo y de todos.
Es una pena que aquella proactividad de hace años haya acabado de esta manera. Porque desde la fusión he comprobado que cada vez que intento ser proactivo y empujar algo, acaba volviendo se contra mi.
Así que prefiero dedicarme a mis negocios personales y a mi vida y poner allí la carne en el asador.
Que cabrón es este mundo de la política y los negocios. Estoy harto de él.
Era algo que sabía que podía pasar. La semana pasada estuvimos trabajando muy duro para evitarlo y el viernes por la noche parecía totalmente arreglado. Sin embargo, a principios de esta semana se volvió a estropear.
Personalmente he dado la cara por el proyecto. Ayudando a otros y trabajando duro para sacarlo adelante.
Sin embargo, ahora que las cosas han salido mal, aquellos que tanto se apoyaban la semana pasada en mi organización para arreglarlo de todas formas y que tomaron la decisión final, ahora cargan sin pensarlo contra nosotros.
Cada vez soporto menos a los franceses. Y es que el tipo en cuestión es francés.
Y me jode decir esto porque no me gusta generalizar.
Pero lo cierto es que a estas alturas ya me da igual. Prefiero pasar de todo y de todos.
Es una pena que aquella proactividad de hace años haya acabado de esta manera. Porque desde la fusión he comprobado que cada vez que intento ser proactivo y empujar algo, acaba volviendo se contra mi.
Así que prefiero dedicarme a mis negocios personales y a mi vida y poner allí la carne en el asador.
Que cabrón es este mundo de la política y los negocios. Estoy harto de él.
martes, junio 12, 2007
Se hace difícil
Se hace difícil caminar por Madrid cuando el calor aprieta y la manga larga del traje se empeña en sujetar el calor que se sube rápido con el nudo de la corbata
Sin embargo, por las mañanas, cuando el sol aún no aprieta demasiado, se agradece cierta brisa (es un decir que me trae el ansia de mar) que más bien es aire ligeramente más frio.
Es el lado no tan bueno de ir andando a trabajar, el calor del verano. Pero se compensa con la gente que ves. La gente que va y viene, en su camino hacia la oficina.
Siempre me ha gustado fijarme en quien va y quien viene, en las caras, los gestos, las impresiones...
Para distraerme con el sonido de la música que va y viene antes de entrar en el edificio. Huelga, piquetes en la puerta. Y una planta menos uno a la que aún no he podido bajar.
Sin embargo, por las mañanas, cuando el sol aún no aprieta demasiado, se agradece cierta brisa (es un decir que me trae el ansia de mar) que más bien es aire ligeramente más frio.
Es el lado no tan bueno de ir andando a trabajar, el calor del verano. Pero se compensa con la gente que ves. La gente que va y viene, en su camino hacia la oficina.
Siempre me ha gustado fijarme en quien va y quien viene, en las caras, los gestos, las impresiones...
Para distraerme con el sonido de la música que va y viene antes de entrar en el edificio. Huelga, piquetes en la puerta. Y una planta menos uno a la que aún no he podido bajar.
jueves, junio 07, 2007
Ursula
Ursula es una vieja amiga.
Nunca he visto su cara pero siempre la reconocería.
Ursula regenta un local donde los camareros no son muy simpáticos. La rotación, ya se sabe.
Pero ese local siempre me ha gustado, aún sin saber donde está su encanto.
Ursula me ha visto muchas veces allí.
Allá cuando estudiaba en la zona. Tanto agobiado por las cosas que tenía que hacer como disfrutando de una vía de escape. Tomate, Pan y un poco de jamón.
Ayer volví a la Ursula después de tiempo sin pasar por allí.
Una charla en la vieja escuela, un encuentro con un viejo amigo y cañas mientras arreglamos el mundo, nuestras vidas, mientras comentamos nuestros chascarrillos.
Una tarde noche muy divertida. En la que Ursula de nuevo ocupó su lugar.
Me pareció verla al salir. Mirándome y guiñando un ojo.
Nunca he visto su cara pero siempre la reconocería.
Ursula regenta un local donde los camareros no son muy simpáticos. La rotación, ya se sabe.
Pero ese local siempre me ha gustado, aún sin saber donde está su encanto.
Ursula me ha visto muchas veces allí.
Allá cuando estudiaba en la zona. Tanto agobiado por las cosas que tenía que hacer como disfrutando de una vía de escape. Tomate, Pan y un poco de jamón.
Ayer volví a la Ursula después de tiempo sin pasar por allí.
Una charla en la vieja escuela, un encuentro con un viejo amigo y cañas mientras arreglamos el mundo, nuestras vidas, mientras comentamos nuestros chascarrillos.
Una tarde noche muy divertida. En la que Ursula de nuevo ocupó su lugar.
Me pareció verla al salir. Mirándome y guiñando un ojo.
lunes, junio 04, 2007
Más corto o más largo
No sé si será el paso de los años, que hace que afronte las cosas con menor ilusión.
No sé si será el exceso de trabajo semanal, que hace que llegue más cansado al fin de semana.
O simplemente que con el paso del tiempo, me toque aceptar que ya no tengo 20 años.
Lo cierto es que me resulta algo frustante darme cuenta de que de nuevo es lunes. De que hace un segundo era viernes. Y de que me gustaría tomar unas semanas de vacaciones.
Vacaciones de nuevo para llevar un ritmo infernal, visitando, conociendo, disfrutando, pero por supuesto un ritmo elegido y no impuesto.
Este fin de semana pasado la luna llena nos visitó de nuevo. Y no pude disfrutar de su compañía. No me quedó tiempo.
Disfruté, eso si, de una visita a Toledo, esa ciudad que siempre me ha pasado desapercibida pero que me embruja cada vez que la visito.
Hay una frase de esas publicitarias que siempre me ha gustado mucho
"duerme cuando mueras"
¡Quién pudiera!
Enjoy mondays...
No sé si será el exceso de trabajo semanal, que hace que llegue más cansado al fin de semana.
O simplemente que con el paso del tiempo, me toque aceptar que ya no tengo 20 años.
Lo cierto es que me resulta algo frustante darme cuenta de que de nuevo es lunes. De que hace un segundo era viernes. Y de que me gustaría tomar unas semanas de vacaciones.
Vacaciones de nuevo para llevar un ritmo infernal, visitando, conociendo, disfrutando, pero por supuesto un ritmo elegido y no impuesto.
Este fin de semana pasado la luna llena nos visitó de nuevo. Y no pude disfrutar de su compañía. No me quedó tiempo.
Disfruté, eso si, de una visita a Toledo, esa ciudad que siempre me ha pasado desapercibida pero que me embruja cada vez que la visito.
Hay una frase de esas publicitarias que siempre me ha gustado mucho
"duerme cuando mueras"
¡Quién pudiera!
Enjoy mondays...
lunes, mayo 28, 2007
¿Y esto como lo se lo cuento a un fantasma?
Hoy es lunes. Un lunes raro, digamos que normal, con el trabajo habitual, bastante lejos de las dos últimas semanas de estres, con la sobrecarga que ha habido; motivos varios. También personales, como algunos sabéis.
En la oficina hoy me he encontrado con una historia. Una que hace que los vigilantes del edificio no hagan su ronda solos, y que las señoras de la limpieza no entren en una zona de la planta -1 pasada cierta hora.
El hecho de que este lunes sea normal, hace que me quiera dejar llevar. Pero, ¿qué es dejarse llevar? Es simplemente poder cerrar los ojos y escuchar algo de música, tirando a lenta, un rock, ¿quizás? Dejar que me embargue una sensación...
Y es que en este viejo edificio, esta vieja fábrica, tiene, como no, su leyenda, su fantasma. Quizás por aquello de estar levantado sobre un viejo sacramental, demolido y levantado tiempo atrás.
Es una sensación que es difícil de expresar. Pero la reconozco bien. Una sensación que siempre me tiende a relajar. A dejar caer en el sueño...como cuando miro las estrellas en noches de verano o siento el sol y algo de brisa al conducir por una carretera cercana al mar.
Así es que en mi afan investigador, un día de estos bajaré, después de la hora crítica, a la zona en cuestión, a ver, primero si la encuentro, después que veo....pues la leyenda, ¿urbana?, habla ya de catacumbas y todo...
Y mientras escribo este post me pregunto si sería capaz de explicarle al supuesto fantasma como es esta sensación que hoy me embarga.
En la oficina hoy me he encontrado con una historia. Una que hace que los vigilantes del edificio no hagan su ronda solos, y que las señoras de la limpieza no entren en una zona de la planta -1 pasada cierta hora.
El hecho de que este lunes sea normal, hace que me quiera dejar llevar. Pero, ¿qué es dejarse llevar? Es simplemente poder cerrar los ojos y escuchar algo de música, tirando a lenta, un rock, ¿quizás? Dejar que me embargue una sensación...
Y es que en este viejo edificio, esta vieja fábrica, tiene, como no, su leyenda, su fantasma. Quizás por aquello de estar levantado sobre un viejo sacramental, demolido y levantado tiempo atrás.
Es una sensación que es difícil de expresar. Pero la reconozco bien. Una sensación que siempre me tiende a relajar. A dejar caer en el sueño...como cuando miro las estrellas en noches de verano o siento el sol y algo de brisa al conducir por una carretera cercana al mar.
Así es que en mi afan investigador, un día de estos bajaré, después de la hora crítica, a la zona en cuestión, a ver, primero si la encuentro, después que veo....pues la leyenda, ¿urbana?, habla ya de catacumbas y todo...
Y mientras escribo este post me pregunto si sería capaz de explicarle al supuesto fantasma como es esta sensación que hoy me embarga.
lunes, mayo 21, 2007
Se quemó
Para muchos, hablar de barcos de vela ingleses, puede ser recordar los tiempos de un imperio que se impuso al mundo hace dos siglos.
Quizás por eso, en España se conoce poco fuera de ciertos ambientes sobre los barcos del siglo XIX.
Yo, desgraciadamente, tampoco soy ningún entendido.
Sin embargo, con el tiempo aprendí a disfrutar de su visión, a sentir su fuerza aún en un puerto o en un museo.
Es uno de mis legados de mi etapa londinense, allá, 10 años atrás, cuando tuve la suerte de vivir allí.
Bonitos recuerdos de tardes a la orilla del Tamesis, en los docks, rincón para iniciados, cerca y lejos de los turistas que se pierden los secretos bien guardados de esta esquina a la vista de todos.
Bonitos recuerdos de tardes por Grenwich, con su parque, su observatorio, sus barcos, dejando atrás Canary Dwarf.
Bonitos recuerdos incluso de Porstmouth donde los barcos de Nelson miran a los curiosos visitantes
Todos ellos donde observar barcos de 3 siglos atrás. Hoy, sin embargo, uno que me trae grandes recuerdos, no podrá ser admirado más.
http://www.elmundo.es/elmundo/2007/05/21/videos/1179739780.html
Aquí va este post, en honor de los tiempos pasados y de mi amigo JJ que en aquella época que también en aquel entonces, anduvo por allá.
Quizás por eso, en España se conoce poco fuera de ciertos ambientes sobre los barcos del siglo XIX.
Yo, desgraciadamente, tampoco soy ningún entendido.
Sin embargo, con el tiempo aprendí a disfrutar de su visión, a sentir su fuerza aún en un puerto o en un museo.
Es uno de mis legados de mi etapa londinense, allá, 10 años atrás, cuando tuve la suerte de vivir allí.
Bonitos recuerdos de tardes a la orilla del Tamesis, en los docks, rincón para iniciados, cerca y lejos de los turistas que se pierden los secretos bien guardados de esta esquina a la vista de todos.
Bonitos recuerdos de tardes por Grenwich, con su parque, su observatorio, sus barcos, dejando atrás Canary Dwarf.
Bonitos recuerdos incluso de Porstmouth donde los barcos de Nelson miran a los curiosos visitantes
Todos ellos donde observar barcos de 3 siglos atrás. Hoy, sin embargo, uno que me trae grandes recuerdos, no podrá ser admirado más.
http://www.elmundo.es/elmundo/2007/05/21/videos/1179739780.html
Aquí va este post, en honor de los tiempos pasados y de mi amigo JJ que en aquella época que también en aquel entonces, anduvo por allá.
jueves, mayo 17, 2007
Lost in "traslation"
Or ir transfer better...
Hoy voy a hablar de cosas más mundanas. De contratiempos que ocurren un domingo llegando de una semana de trabajo, cuando en un transfer en BCN mi maleta se pierde.
Al llegar a Valencia nadie se lo puede explicar. Nadie sabe donde está. Con todo dentro.
No hay que tomarselo a mal. No merece la pena preocuparse. Lo más normal es que al día siguiente vuelva a aparecer...
Hay que conformarse con el kit de perdidos, una camiseta y unos boxer que mi querida kkgina tiene el placer de sacar en medio del aeropuerto secuestrando el resto del kit.
Son esas incongruencias que trae el espíritu halloween y que hacen subrealistas situaciones como estas.
Mientras comemos, cambio algo de ropa. La que llevaba puesta, demasiado formal, por la que un buen amigo local me presta.
No sé porqué comentar esto. ¿quizás para criticar a la compañía?, como no iberia. Es lo que tiene viajar con aviones de otras compañías ¿esponsorizados? por una sola.
Entre tanto, playa, mucho sol, partidos de futgolf y raquetvoll...parpalló, etc, etc.
Mucho trabajo remoto...
Recordarme que algún día promocione el futgolf y el raquetvoll en este blog. Deportes de verano realmente divertidos.
Disfrutad de la resaca.
Hoy voy a hablar de cosas más mundanas. De contratiempos que ocurren un domingo llegando de una semana de trabajo, cuando en un transfer en BCN mi maleta se pierde.
Al llegar a Valencia nadie se lo puede explicar. Nadie sabe donde está. Con todo dentro.
No hay que tomarselo a mal. No merece la pena preocuparse. Lo más normal es que al día siguiente vuelva a aparecer...
Hay que conformarse con el kit de perdidos, una camiseta y unos boxer que mi querida kkgina tiene el placer de sacar en medio del aeropuerto secuestrando el resto del kit.
Son esas incongruencias que trae el espíritu halloween y que hacen subrealistas situaciones como estas.
Mientras comemos, cambio algo de ropa. La que llevaba puesta, demasiado formal, por la que un buen amigo local me presta.
No sé porqué comentar esto. ¿quizás para criticar a la compañía?, como no iberia. Es lo que tiene viajar con aviones de otras compañías ¿esponsorizados? por una sola.
Entre tanto, playa, mucho sol, partidos de futgolf y raquetvoll...parpalló, etc, etc.
Mucho trabajo remoto...
Recordarme que algún día promocione el futgolf y el raquetvoll en este blog. Deportes de verano realmente divertidos.
Disfrutad de la resaca.
viernes, mayo 11, 2007
Bucarest
Bucarest es una ciudad llena de contrastes.
Contrastes enmarcados dentro de un todo uniforme que los disimula.
Bucarest es una ciudad en un bosque. Verde naturaleza a tono con el gris, beige de sus casas señoriales, en mal estado, contrastadas por los grandes edificios de colmenas con ventanas de madera, banderas nacionales y europeas por doquier y pesadilla de tráfico a todas horas en cualquier lugar.
Los nativos también son ejemplo de contrastes. La hospitalidad de mis compañeros de la oficina local, de la gente que encuentras por la calle, de algunos taxitas humildes y sencillos contrasta con la picaresca de esos otros taxistas con tarifas 8 veces superiores, que intentan timarte, de losrestaurantes en los lugares céntricos que intentan no devolverte el cambio.
Una ciudad a camino entre la picaresca del que no tiene para vivir y la humildad del que lucha por convertir a este pais, que me ha enamorado, en un lugar europeo más, siendo esto bueno...o no tan bueno.
Hay en la ciudad buenos parques, casi bosques, para pasear. Los más encantadores y mágicos, rodeados de apartamentos de 800k€ y restaurantes de trato especial.
Al contraste una vez más, pequeños locales en escondidas calles del centro donde la comida tradicional, la caza se alegra con jóvenes que tocan música local. La diferencia, el idioma. En los primeros pueden incluso hablar español, inglés por descontado. En los segundos, disfrutas del juego de conseguir comunicarte en una lengua mucho más parecida al castellano de lo que muchos podrían pensar.
Me queda aún 1 día más por aquí, antes de volver a la playa mediterranea ibérica. Pero me marcharé seguro con las ganas de perderme en el interior. Llegar hasta los dominios del conde Dracula, pasar por Brasovia, por Timisoara. y degustar en su lugar original uno de los típicos Brastok dulces de nueces o de cacahuete. No he sabido identificar de donde son realmente. Unos dicen Brasov, otros Timisoara...yo creo que depende del condimento. Nueces, Castañas, almendras...Algo que descubrir a la vuelta.
Mi recomendación está clara. Un sitio por conocer.
Os dejo hasta la vuelta de la playa. Por aquí seguimos con los actos de marketing y publicidad. Jugando a ser ganar. Espero que, esta vez, para no perder.
Contrastes enmarcados dentro de un todo uniforme que los disimula.
Bucarest es una ciudad en un bosque. Verde naturaleza a tono con el gris, beige de sus casas señoriales, en mal estado, contrastadas por los grandes edificios de colmenas con ventanas de madera, banderas nacionales y europeas por doquier y pesadilla de tráfico a todas horas en cualquier lugar.
Los nativos también son ejemplo de contrastes. La hospitalidad de mis compañeros de la oficina local, de la gente que encuentras por la calle, de algunos taxitas humildes y sencillos contrasta con la picaresca de esos otros taxistas con tarifas 8 veces superiores, que intentan timarte, de losrestaurantes en los lugares céntricos que intentan no devolverte el cambio.
Una ciudad a camino entre la picaresca del que no tiene para vivir y la humildad del que lucha por convertir a este pais, que me ha enamorado, en un lugar europeo más, siendo esto bueno...o no tan bueno.
Hay en la ciudad buenos parques, casi bosques, para pasear. Los más encantadores y mágicos, rodeados de apartamentos de 800k€ y restaurantes de trato especial.
Al contraste una vez más, pequeños locales en escondidas calles del centro donde la comida tradicional, la caza se alegra con jóvenes que tocan música local. La diferencia, el idioma. En los primeros pueden incluso hablar español, inglés por descontado. En los segundos, disfrutas del juego de conseguir comunicarte en una lengua mucho más parecida al castellano de lo que muchos podrían pensar.
Me queda aún 1 día más por aquí, antes de volver a la playa mediterranea ibérica. Pero me marcharé seguro con las ganas de perderme en el interior. Llegar hasta los dominios del conde Dracula, pasar por Brasovia, por Timisoara. y degustar en su lugar original uno de los típicos Brastok dulces de nueces o de cacahuete. No he sabido identificar de donde son realmente. Unos dicen Brasov, otros Timisoara...yo creo que depende del condimento. Nueces, Castañas, almendras...Algo que descubrir a la vuelta.
Mi recomendación está clara. Un sitio por conocer.
Os dejo hasta la vuelta de la playa. Por aquí seguimos con los actos de marketing y publicidad. Jugando a ser ganar. Espero que, esta vez, para no perder.
lunes, mayo 07, 2007
Si no hay lucha en la batalla, no habrá gloria en la victoria
No es que vaya a hablar de grandes epopeyas, ni de grandes momentos. Simplemente, hoy, en el avión, leía esta frase en el periódico haciendo referencia a la victoria electoral de Sarkozy.
Y tampoco voy a hablar de política. Solo me ha gustado la frase, nada más. Me he sentido identificado con ella. ¿Será por las ganas de luchar?
Hoy, una semana después, quiero hablar un poco de todo. Así lleno unas líneas más. Hablar de cosas que han pasado por mi mente en estos días.
El jueves, por ejemplo, primer día de oficina después del puente, subía en el ascensor viendo como la gente se colocaba en él al entrar. Y me di cuenta de que, al menos en España, nunca pasa como en las películas o las series, donde todos miran hacia la puerta. Aquí somos más de proteger nuestra espalda. Todos mirando al frente, con la espalda en la pared del fondo o las laterales. Los que llegan tarde y quedan en medio están incómodos. Como si no supieran donde situarse y en cuanto queda un hueco, lo ocupan en la pared raudos. He de fijarme en otros sitios como es.
En estos días apenas he podido hacer cosas en mi ciudad. El final de la semana laboral ha sido de infarto y en esto, me he quedado con las ganas de ir a la ópera. El hermano de un querido amigo estrenaba el pasado viernes en el Teatro Real. Los precios, sin embargo, no dejan lugar a dudas. La escasez de entradas hacen imposible ningún apaño y me quedo con las ganas. Y es que pagar 60€ por un mal sitio es demasiado casi tanto como pagar los más de 100 que cuestan las primeras decentes. Es lo que tiene que la obra sea famosa.
El viernes, sin embargo, sirvió para escribir un cachito de historia. Historia personal. Y eso, por supuesto, siempre viene bien.
También quiero dedicar unas líneas a mi anónima conciencia. Debo reconocer que fracaso en mi intento de separar el sonido de la subida de la marea del oleaje sin más. La marea alta me suele pillar por sorpresa. O, incluso, sin nisiquiera darme cuenta de que ha llegado, estando yo a 20 m bajo el agua.
La vida de buceador de estos días me ha permitido reencontrarme con el mar. El tiempo nos ha respetado. El temporal ha sido magnánimo con nosotros, incluso aquel domingo cuando nos quedamos a la deriva en el mar, hasta que nos vinieron a remolcar. Como siempre, alguna aventura nos tenía que pasar.
Unas vacaciones que prometían mucho y fueron más.
No he tenido tiempo de ir a escuchar al mar. Simplemente me he mezclado con él. Me he quedado en el flotar bajo el agua, en ver a los peces nadando a mi lado, mirando al patoso con ojos curiosos y volviendome a mirar, desconfiados por el instintos, curiosos por su memoria que se va.
Me he quedado con la brisa en la cara en una lancha motora en la costa. Me he quedado con las risas de los buceadores.
Los buceadores, los de verdad, no los turistas como yo, son gente curiosa. Gente que vive a la vez el respeto y la admiración por las profundidades con la vida terrestre. Gente que sabe huir bajo el agua y que a veces ni siquiera allí pueden aislarse del mundo que les persigue al convertir el mar en su medio de vida.
Gente que sabe encontrar las risad en los días que pasan y se van, ausentes de nubes, curtidos por el sol.
Quizás hablo así de ellos después de haber conocido algunos más esta vez. Buena gente. Gente que recordar y que espero volver a ver.
Entre tanto, me pierdo en el avión donde escribo esto. Esta noche lo subiré. Me pierdo en los recuerdos de unas minivacaciones que mucho han traido, mucho más de lo esperado y cuyo efecto aún quedará en el tiempo. Al aterrizar, Bucarest, Rumanía de nuevo. Trabajo, más trabajo, esta vez con tiempo para conocer. San Isidro me verá aterrizar en Valencia. y entonces, querida conciencia, quizás el miercoles, podré contarte que mi último intento fue exitoso y que las olas ya no se confunden en mis sentidos con la marea.
Pero eso, de ser, será ya la semana que viene.
Y tampoco voy a hablar de política. Solo me ha gustado la frase, nada más. Me he sentido identificado con ella. ¿Será por las ganas de luchar?
Hoy, una semana después, quiero hablar un poco de todo. Así lleno unas líneas más. Hablar de cosas que han pasado por mi mente en estos días.
El jueves, por ejemplo, primer día de oficina después del puente, subía en el ascensor viendo como la gente se colocaba en él al entrar. Y me di cuenta de que, al menos en España, nunca pasa como en las películas o las series, donde todos miran hacia la puerta. Aquí somos más de proteger nuestra espalda. Todos mirando al frente, con la espalda en la pared del fondo o las laterales. Los que llegan tarde y quedan en medio están incómodos. Como si no supieran donde situarse y en cuanto queda un hueco, lo ocupan en la pared raudos. He de fijarme en otros sitios como es.
En estos días apenas he podido hacer cosas en mi ciudad. El final de la semana laboral ha sido de infarto y en esto, me he quedado con las ganas de ir a la ópera. El hermano de un querido amigo estrenaba el pasado viernes en el Teatro Real. Los precios, sin embargo, no dejan lugar a dudas. La escasez de entradas hacen imposible ningún apaño y me quedo con las ganas. Y es que pagar 60€ por un mal sitio es demasiado casi tanto como pagar los más de 100 que cuestan las primeras decentes. Es lo que tiene que la obra sea famosa.
El viernes, sin embargo, sirvió para escribir un cachito de historia. Historia personal. Y eso, por supuesto, siempre viene bien.
También quiero dedicar unas líneas a mi anónima conciencia. Debo reconocer que fracaso en mi intento de separar el sonido de la subida de la marea del oleaje sin más. La marea alta me suele pillar por sorpresa. O, incluso, sin nisiquiera darme cuenta de que ha llegado, estando yo a 20 m bajo el agua.
La vida de buceador de estos días me ha permitido reencontrarme con el mar. El tiempo nos ha respetado. El temporal ha sido magnánimo con nosotros, incluso aquel domingo cuando nos quedamos a la deriva en el mar, hasta que nos vinieron a remolcar. Como siempre, alguna aventura nos tenía que pasar.
Unas vacaciones que prometían mucho y fueron más.
No he tenido tiempo de ir a escuchar al mar. Simplemente me he mezclado con él. Me he quedado en el flotar bajo el agua, en ver a los peces nadando a mi lado, mirando al patoso con ojos curiosos y volviendome a mirar, desconfiados por el instintos, curiosos por su memoria que se va.
Me he quedado con la brisa en la cara en una lancha motora en la costa. Me he quedado con las risas de los buceadores.
Los buceadores, los de verdad, no los turistas como yo, son gente curiosa. Gente que vive a la vez el respeto y la admiración por las profundidades con la vida terrestre. Gente que sabe huir bajo el agua y que a veces ni siquiera allí pueden aislarse del mundo que les persigue al convertir el mar en su medio de vida.
Gente que sabe encontrar las risad en los días que pasan y se van, ausentes de nubes, curtidos por el sol.
Quizás hablo así de ellos después de haber conocido algunos más esta vez. Buena gente. Gente que recordar y que espero volver a ver.
Entre tanto, me pierdo en el avión donde escribo esto. Esta noche lo subiré. Me pierdo en los recuerdos de unas minivacaciones que mucho han traido, mucho más de lo esperado y cuyo efecto aún quedará en el tiempo. Al aterrizar, Bucarest, Rumanía de nuevo. Trabajo, más trabajo, esta vez con tiempo para conocer. San Isidro me verá aterrizar en Valencia. y entonces, querida conciencia, quizás el miercoles, podré contarte que mi último intento fue exitoso y que las olas ya no se confunden en mis sentidos con la marea.
Pero eso, de ser, será ya la semana que viene.
jueves, abril 26, 2007
El mar
Lo que me gusta del mar:
Perderme al atardecer por las playas, cuando los bañistas ya se marchan, cuando el sol se aleja, cuando es verano y no hace frio, cuando los recien despertados bajan a jugar al volley.
Disfrutar de una puesta de sol, de lo inmensa que es la naturaleza, de la majestuosidad de nuestro planeta, en un acantilado, sintiendo la brisa y el calor del sol en mis mejillas.
Caminar por la playa en buena compañía, hablando de la vida, de las cosas, de todo un poco y de nada en particular. Escribiendo el destino.
Leer un libro en una torreta de vigilancia en primavera u otoño, cuando aún no hay salvavidas trabajando. Entablar comunicaciones móviles desde allí con gente que hace tiempo que no veo, abrazado por el ronroneo del mar.
Perderme en sus profundidades, despues de un paseo en barco, como pato con mis aletas y mi botella de aire a la espalda. Sentir que no peso, que floto y ver a los peces que se desvían a mi paso.
Recordar y volver a vivir momentos de juventud, vivir y escribir recuerdos de esta juventud para la próxima vez, de vitalidad, picaresca, relaciones.
Días de risas. Noches de bares de verano junto al mar. Deporte y vestigios de sentimientos pasados.
Mañana me voy a bucear. Y toda la lluvia del mundo no lo podrá estropear.
Perderme al atardecer por las playas, cuando los bañistas ya se marchan, cuando el sol se aleja, cuando es verano y no hace frio, cuando los recien despertados bajan a jugar al volley.
Disfrutar de una puesta de sol, de lo inmensa que es la naturaleza, de la majestuosidad de nuestro planeta, en un acantilado, sintiendo la brisa y el calor del sol en mis mejillas.
Caminar por la playa en buena compañía, hablando de la vida, de las cosas, de todo un poco y de nada en particular. Escribiendo el destino.
Leer un libro en una torreta de vigilancia en primavera u otoño, cuando aún no hay salvavidas trabajando. Entablar comunicaciones móviles desde allí con gente que hace tiempo que no veo, abrazado por el ronroneo del mar.
Perderme en sus profundidades, despues de un paseo en barco, como pato con mis aletas y mi botella de aire a la espalda. Sentir que no peso, que floto y ver a los peces que se desvían a mi paso.
Recordar y volver a vivir momentos de juventud, vivir y escribir recuerdos de esta juventud para la próxima vez, de vitalidad, picaresca, relaciones.
Días de risas. Noches de bares de verano junto al mar. Deporte y vestigios de sentimientos pasados.
Mañana me voy a bucear. Y toda la lluvia del mundo no lo podrá estropear.
lunes, abril 23, 2007
Y tu...¿cuándo perdiste la inocencia?
Una cena rápida y tranquila después de un largo día de trabajo en un vips, poco antes de irme a dormir. Ni siquiera tengo energía para preparar algo yo mismo.
Es sábado.
En la mesa de al lado, un padre una madre y dos hijas. Ellas, de unos 16-17 años la mayor, no creo que llegara a 15 la menor.
Ambas muy arregladas. Como si fueran a una fiesta y no a cenar algo en un vips con sus padres.
La más pequeña abre su bolso para sacar algo (un paquete de pañuelos de papel parece) y en el gesto algo más sale sin quererlo, por casualidad.
No se pone nerviosa. La madre no lo ve. El padre tampoco. Con naturalidad lo recoge y lo vuelve a poner en el bolso. Mientras lo hace, me mira, inconsciente, dándose cuenta de que que yo, al contrario que sus padres, si me he dado cuenta.
Un poco menos de naturalidad por su parte hubiera significado ser pillada.
Me voy al rato riendome por dentro pensando si será el ejemplo de la propia inocencia o el ejemplo de que cada día se pierde antes la inocencia.
Es sábado.
En la mesa de al lado, un padre una madre y dos hijas. Ellas, de unos 16-17 años la mayor, no creo que llegara a 15 la menor.
Ambas muy arregladas. Como si fueran a una fiesta y no a cenar algo en un vips con sus padres.
La más pequeña abre su bolso para sacar algo (un paquete de pañuelos de papel parece) y en el gesto algo más sale sin quererlo, por casualidad.
No se pone nerviosa. La madre no lo ve. El padre tampoco. Con naturalidad lo recoge y lo vuelve a poner en el bolso. Mientras lo hace, me mira, inconsciente, dándose cuenta de que que yo, al contrario que sus padres, si me he dado cuenta.
Un poco menos de naturalidad por su parte hubiera significado ser pillada.
Me voy al rato riendome por dentro pensando si será el ejemplo de la propia inocencia o el ejemplo de que cada día se pierde antes la inocencia.
martes, abril 17, 2007
Sangre Sureña
Sábado, cuatro de la mañana.
Mi amiga se dirige al guardarropa para recoger nuestros abrigos.
Una chica, supuesta relaciones, hace publicidad del sitio. Mi amiga no comparte la opinión. Pero no lo dice hasta la tercera vez que la chica insiste.
La relaciones vuelve a reafirmar: "Este es el mejor sitio de xxxx" "Trabajo aquí de lunes y viernes y aún vengo los fines de semana"
Entonces digo yo "Y como es que puedes comparar si no conoces los otros sitios?"
Interviene la jefa
"Deja de Marranear, mueve el coño y dame estas dos" dice, dándole dos fichas del guardaropa.
Mi amiga comentó después que estaban de buen rollo. No se habían mentado a la familia.
Parece ser que la muchacha era de "Graná"
Mi amiga se dirige al guardarropa para recoger nuestros abrigos.
Una chica, supuesta relaciones, hace publicidad del sitio. Mi amiga no comparte la opinión. Pero no lo dice hasta la tercera vez que la chica insiste.
La relaciones vuelve a reafirmar: "Este es el mejor sitio de xxxx" "Trabajo aquí de lunes y viernes y aún vengo los fines de semana"
Entonces digo yo "Y como es que puedes comparar si no conoces los otros sitios?"
Interviene la jefa
"Deja de Marranear, mueve el coño y dame estas dos" dice, dándole dos fichas del guardaropa.
Mi amiga comentó después que estaban de buen rollo. No se habían mentado a la familia.
Parece ser que la muchacha era de "Graná"
viernes, abril 13, 2007
Desidia
No lo puedo remediar
Me molesta mucho la desidia que la gente muestra con las iniativas, con el esfuerzo, con el entusiasmo, en suma, con la ilusión de los demás.
Todo el mundo sabe que me encanta preparar planes. Que me encanta proponer iniciativas, viajes, planes nuevos, rompedores...
Por supuesto me hace ilusión que sean recibidos con agrado. Incluso con entusiamo. Pero también comprendo que en cada momento, cada uno, tenga sus preferencias, otros planes, otras ilusiones.
Lo que no puedo soportar es el desprecio, la desidia, el simplemente pasar de contestar aunque sea para decir que no puedo o no me interesa. Sin dar motivos. No hacen falta.
Una simple muestra de aprecio y respeto por el esfuerzo de los demás.
En fins, que no es algo habitual entre mis amigos pero me acaba de psar con un grupo de gente algo menos cercano.
Una vez más, a luchar para evitar que estas cosas mermen mi ilusión y eviten que siga planeando cosas.
Lo cierto es que me joroba mucho tener que escribir este post. Porque no es mi estilo o no debe serlo.
Me molesta mucho la desidia que la gente muestra con las iniativas, con el esfuerzo, con el entusiasmo, en suma, con la ilusión de los demás.
Todo el mundo sabe que me encanta preparar planes. Que me encanta proponer iniciativas, viajes, planes nuevos, rompedores...
Por supuesto me hace ilusión que sean recibidos con agrado. Incluso con entusiamo. Pero también comprendo que en cada momento, cada uno, tenga sus preferencias, otros planes, otras ilusiones.
Lo que no puedo soportar es el desprecio, la desidia, el simplemente pasar de contestar aunque sea para decir que no puedo o no me interesa. Sin dar motivos. No hacen falta.
Una simple muestra de aprecio y respeto por el esfuerzo de los demás.
En fins, que no es algo habitual entre mis amigos pero me acaba de psar con un grupo de gente algo menos cercano.
Una vez más, a luchar para evitar que estas cosas mermen mi ilusión y eviten que siga planeando cosas.
Lo cierto es que me joroba mucho tener que escribir este post. Porque no es mi estilo o no debe serlo.
lunes, abril 09, 2007
Mezclate
El primer lunes después de Semana Santa tiene un caracter especial.
Los niños aún no han vuelto al cole. El tráfico aún se siente agil en la gran ciudad. Los más espabilados agotan su último día de las vacaciones. Y la ciudad comienza a despertar perezosa a la vida primaveral.
Yo vuelvo al dia a día, cada vez más quemado de la gran corporación, esperando el momento justo para marchar a otra empresa.
Entretanto, busco los momentos de asueto para escribir y para pensar en el próximo viaje. Esta vez, solo de fin de semana. La semana próxima.
El clima en estos días también se muestra cambiante. La lluvia se resiste a marchar. Y cuando lo hace el frio recuerda que aún no es tiempo para que el sol caliente las mejillas. (expresión típica de estas fechas en las que cuando por fin sientes ese calor al sol, sabes que el buen tiempo está a punto de sorprender)
Pero la sensación, quizás por el cambio de hora, de vida, está presente. Llega el momento de disfrutar un poco más del día a día, de la vida, de salir más, de hacer escapadas de fin de semana.
Yo sigo con mis clases hasta tarde. Eso no cambia. El curso no entiende de temperatura, de sensaciones o de sentimientos. Pero al terminar, muchos días dejarán momentos de esparcimiento a última hora. Tiempos para vivir la noche.
Tiempos para mezclarse.
En estos días, tan llenos de vida, resulta difícil entender la muerte. Que siempre queremos ocultar. Que está ahí, apareciendo de sopetón. Dejando solo recuerdos.
Han sido un par de meses duros. Para aquellos que formaron mi anterior generación. Aquellos que un día huyeron de un país en ruinas, que crearon vidas, familias nuevas, en distintos lugares del globo; y que con los años trajeron el recuerdo en grupos, en amigos de los de antes, en lazos difíciles de explicar por las experiencias de antaño.
Primero fue Marina, para la que no tengo palabras. Recuerdo la última vez que la vi en Miami, casi sin poder andar, llena de achaques, pero sonriente, llena de ternura, de buenos sentimientos, de paz después de una vida más que agetreada, alegria que ilumina una cara. Sin apenas un segundo para recordar su exilio, sus duros primeros momentos en un pais ajeno, sus maridos, sus hijos, su eterno luchar.
Le siguió Armando. De sopetón. Sin avisar. En un par de meses como quien no quiere la cosa. La última vez que le ví en México me pareció cansado. De vuelta de un viaje. Una vida construyendo un imperio ayende los mares. Un legado para su familia.
A punto a estado de seguirle Paquita. A sus 86. Salvada un año más en el último momento, víctima de sus débiles pulmones. Alguien que en estos últimos días he vuelto a tener muy cerca de mí.
Pero mi vida vuelve a su rutina. Al trabajo intenso, a las risas, el quedar, el tomar algo, el tener algo que hacer para pasar los dias fuera de los problemas de siempre.
Los nuevos proyectos se lanzan adelante en un último intento por vencer a los errores del pasado.
Y todo esto, pues nada más que un fin de reflexión, esa que he aprovechado a principios de la semana pasada con la ayuda de algunos amigos y la hospitalidad de mi amiga Clair.
Comiendo bien, paseando por la arena muerto de frio, subiendo a la torre de vigía, colgado, a veces, del teléfono, mimetizando mis pasos con las procesiones en Sevilla y conociendo personajes divertidos en cuevas llenas de maravillas de la mano de dobles de Carlos Jesús.
Es la doble cara de la moneda. La que muestro siempre, el lado positivo, siempre lleno, la búsqueda de lo positivo, la ilusión, la actitud. La que a veces llevo por dentro.
De alguna forma, una contradicción.
Los niños aún no han vuelto al cole. El tráfico aún se siente agil en la gran ciudad. Los más espabilados agotan su último día de las vacaciones. Y la ciudad comienza a despertar perezosa a la vida primaveral.
Yo vuelvo al dia a día, cada vez más quemado de la gran corporación, esperando el momento justo para marchar a otra empresa.
Entretanto, busco los momentos de asueto para escribir y para pensar en el próximo viaje. Esta vez, solo de fin de semana. La semana próxima.
El clima en estos días también se muestra cambiante. La lluvia se resiste a marchar. Y cuando lo hace el frio recuerda que aún no es tiempo para que el sol caliente las mejillas. (expresión típica de estas fechas en las que cuando por fin sientes ese calor al sol, sabes que el buen tiempo está a punto de sorprender)
Pero la sensación, quizás por el cambio de hora, de vida, está presente. Llega el momento de disfrutar un poco más del día a día, de la vida, de salir más, de hacer escapadas de fin de semana.
Yo sigo con mis clases hasta tarde. Eso no cambia. El curso no entiende de temperatura, de sensaciones o de sentimientos. Pero al terminar, muchos días dejarán momentos de esparcimiento a última hora. Tiempos para vivir la noche.
Tiempos para mezclarse.
En estos días, tan llenos de vida, resulta difícil entender la muerte. Que siempre queremos ocultar. Que está ahí, apareciendo de sopetón. Dejando solo recuerdos.
Han sido un par de meses duros. Para aquellos que formaron mi anterior generación. Aquellos que un día huyeron de un país en ruinas, que crearon vidas, familias nuevas, en distintos lugares del globo; y que con los años trajeron el recuerdo en grupos, en amigos de los de antes, en lazos difíciles de explicar por las experiencias de antaño.
Primero fue Marina, para la que no tengo palabras. Recuerdo la última vez que la vi en Miami, casi sin poder andar, llena de achaques, pero sonriente, llena de ternura, de buenos sentimientos, de paz después de una vida más que agetreada, alegria que ilumina una cara. Sin apenas un segundo para recordar su exilio, sus duros primeros momentos en un pais ajeno, sus maridos, sus hijos, su eterno luchar.
Le siguió Armando. De sopetón. Sin avisar. En un par de meses como quien no quiere la cosa. La última vez que le ví en México me pareció cansado. De vuelta de un viaje. Una vida construyendo un imperio ayende los mares. Un legado para su familia.
A punto a estado de seguirle Paquita. A sus 86. Salvada un año más en el último momento, víctima de sus débiles pulmones. Alguien que en estos últimos días he vuelto a tener muy cerca de mí.
Pero mi vida vuelve a su rutina. Al trabajo intenso, a las risas, el quedar, el tomar algo, el tener algo que hacer para pasar los dias fuera de los problemas de siempre.
Los nuevos proyectos se lanzan adelante en un último intento por vencer a los errores del pasado.
Y todo esto, pues nada más que un fin de reflexión, esa que he aprovechado a principios de la semana pasada con la ayuda de algunos amigos y la hospitalidad de mi amiga Clair.
Comiendo bien, paseando por la arena muerto de frio, subiendo a la torre de vigía, colgado, a veces, del teléfono, mimetizando mis pasos con las procesiones en Sevilla y conociendo personajes divertidos en cuevas llenas de maravillas de la mano de dobles de Carlos Jesús.
Es la doble cara de la moneda. La que muestro siempre, el lado positivo, siempre lleno, la búsqueda de lo positivo, la ilusión, la actitud. La que a veces llevo por dentro.
De alguna forma, una contradicción.
miércoles, abril 04, 2007
Reflexión
Queridos niños y niñas,
Me he retirado unos días para descansar a la playa con unos amigos.
Veremos a ver si recupero la energía que me falta. El sábado estaré de nuevo por la gran ciudad.
Esperando reconciliarme con vosotros.
Me he retirado unos días para descansar a la playa con unos amigos.
Veremos a ver si recupero la energía que me falta. El sábado estaré de nuevo por la gran ciudad.
Esperando reconciliarme con vosotros.
martes, marzo 27, 2007
Palomas
La semana pasada una paloma apareció en el jardín del edificio. Parecía enferma. Junto a la espita de riego.
Por la noche estaba en la parte de atrás. Había atravesado las dos puertas de cristal, por delante del ascensor. Seguía pareciendo enferma.
Al día siguiente por la mañana, estaba al lado de la puerta, 3 puertas de cristal más hacia acá, junto a la entrada interior al local. Parecía peor. Casi muerta.
No volví a ver la paloma. Hasta esta noche, cuando en sueños, yo que no sueño nunca, la vi. Volando dentro de mi baño. Hasta que escapó por la ventana.
Como un alma. La de mi amigo Armando. Que anoche nos abandonó.
Por la noche estaba en la parte de atrás. Había atravesado las dos puertas de cristal, por delante del ascensor. Seguía pareciendo enferma.
Al día siguiente por la mañana, estaba al lado de la puerta, 3 puertas de cristal más hacia acá, junto a la entrada interior al local. Parecía peor. Casi muerta.
No volví a ver la paloma. Hasta esta noche, cuando en sueños, yo que no sueño nunca, la vi. Volando dentro de mi baño. Hasta que escapó por la ventana.
Como un alma. La de mi amigo Armando. Que anoche nos abandonó.
lunes, marzo 26, 2007
saber elegir
Hay que tener cierto tino para elegir el restaurante donde uno va a ir a cenar.
Y por supuesto hacerlo con tiempo. Porque sino, te puede pasar, en este Madrid repleto de gente, que si reservas por la mañana para la noche, ya no hay plazas.
Eso lleva a no poder elegir un árabe que me gusta mucho en el centro y acabar en un italiano que tampoco está mal si no fuera porque está casi casi debajo del Bernabeu.
No me entendáis mal, nada tengo contra los merengues, de hecho, yo mismo, si bien poco futbolero, soy madridista si es que hay que ser de alguien.
Pero es que elegir este restaurante y quedar a las diez justo el día que juega la selección y a esa hora y que ninguno nos enteremos de porqué no hay sitio para aparcar después del inusual tráfico (inusual es un decir), resulta curioso...o al menos desatinado. Considerando que eramos 8...
La noche, sin embargo, estuvo muy bien, con su terturlia, sus copichuelas después y la preparación de la próxima semana. Que hay que ver la necesidad que tengo de vacaciones...
En fin, la primavera se resiste a entrar de una vez. pero por algún motivo debe ser...como que la semana que viene habrá muy bueno.
Todavía recuerdo lo fría que estaba el agua la semana Santa pasada en la costa atlántica portuguesa.
Eso si, san Vicente mereció la pena. Y es que uno se empeña en que sea verano cuando aún es invierno.
Y por supuesto hacerlo con tiempo. Porque sino, te puede pasar, en este Madrid repleto de gente, que si reservas por la mañana para la noche, ya no hay plazas.
Eso lleva a no poder elegir un árabe que me gusta mucho en el centro y acabar en un italiano que tampoco está mal si no fuera porque está casi casi debajo del Bernabeu.
No me entendáis mal, nada tengo contra los merengues, de hecho, yo mismo, si bien poco futbolero, soy madridista si es que hay que ser de alguien.
Pero es que elegir este restaurante y quedar a las diez justo el día que juega la selección y a esa hora y que ninguno nos enteremos de porqué no hay sitio para aparcar después del inusual tráfico (inusual es un decir), resulta curioso...o al menos desatinado. Considerando que eramos 8...
La noche, sin embargo, estuvo muy bien, con su terturlia, sus copichuelas después y la preparación de la próxima semana. Que hay que ver la necesidad que tengo de vacaciones...
En fin, la primavera se resiste a entrar de una vez. pero por algún motivo debe ser...como que la semana que viene habrá muy bueno.
Todavía recuerdo lo fría que estaba el agua la semana Santa pasada en la costa atlántica portuguesa.
Eso si, san Vicente mereció la pena. Y es que uno se empeña en que sea verano cuando aún es invierno.
jueves, marzo 22, 2007
Lo que te da un domingo cualquiera
Un domingo cualquiera puede ser un día muy soso. Especialmente al atardecer cuando con los últimos rayos de sol se escapa también los últimos vestigios de libertad en el sentido más figurado y literal de la palabra.
En invierno la oscuridad de la noche hace la situación más acuciante al llegar mucho antes. Sin embargo, en verano, la cosa cambia y los días se alargan trayendo el sol, con sus rayos, vitalidad.
Esa vitalidad que tanto me gusta.
Este domingo pasado (y ya estamos más cerca del próximo) fue el último del invierno; pero quiero considerarlo el primero de la primavera.
Hay un lugar muy cercano a Madrid y no tan conocido, en las afueras de Boadilla, junto al palacio del Infante Don Luis, donde un encinar nos abre paso a la primavera.
Pasear es agradable. Porque el palacio nos observa cayendose literalmente a cachos, cerrado a cal y cando víctima de la dejadez y la desidia. Escondiendo en sus paredes que fue residencia de Godoy, donde su mujer y su amante compartían techo, una en cada ala, mientras los hijos de ambas jugaban en el patio.
Porque el sol que vuelve a brillar trae cierto color rojo a mis mejillas al jugar con el frío que aún sopla.
Porque la compañía es buena, después de una gallega comilona en las cercanias.
Porque la excitación por las experiencias de la última noche me hacen sentirme lleno de vitalidad.
Porque el encinar guarda un aroma a tranquilidad, a tiempo que no pasa, a recuerdos. A vida de la de verdad, de la que se vivia antes.
La semana trae una vuelta a la vida laboral, viajes (Always, estuve en Paris de lunes a miercoles , podíamos haber hasta coincidido :-) ).
Y trae también la cercanía a mañana, viernes, cuando de nuevo la aventura comenzará en un previo madrileño a la SSanta que está a la vuelta de la esquina, pistoletazo de salida para, un año más, disfrutar del planeta que nos sonrie. De la Tierra.
Recordadme que un día os hable del mar. No, del mar no. De todo aquello que te puede hacer sentir el mar.
En invierno la oscuridad de la noche hace la situación más acuciante al llegar mucho antes. Sin embargo, en verano, la cosa cambia y los días se alargan trayendo el sol, con sus rayos, vitalidad.
Esa vitalidad que tanto me gusta.
Este domingo pasado (y ya estamos más cerca del próximo) fue el último del invierno; pero quiero considerarlo el primero de la primavera.
Hay un lugar muy cercano a Madrid y no tan conocido, en las afueras de Boadilla, junto al palacio del Infante Don Luis, donde un encinar nos abre paso a la primavera.
Pasear es agradable. Porque el palacio nos observa cayendose literalmente a cachos, cerrado a cal y cando víctima de la dejadez y la desidia. Escondiendo en sus paredes que fue residencia de Godoy, donde su mujer y su amante compartían techo, una en cada ala, mientras los hijos de ambas jugaban en el patio.
Porque el sol que vuelve a brillar trae cierto color rojo a mis mejillas al jugar con el frío que aún sopla.
Porque la compañía es buena, después de una gallega comilona en las cercanias.
Porque la excitación por las experiencias de la última noche me hacen sentirme lleno de vitalidad.
Porque el encinar guarda un aroma a tranquilidad, a tiempo que no pasa, a recuerdos. A vida de la de verdad, de la que se vivia antes.
La semana trae una vuelta a la vida laboral, viajes (Always, estuve en Paris de lunes a miercoles , podíamos haber hasta coincidido :-) ).
Y trae también la cercanía a mañana, viernes, cuando de nuevo la aventura comenzará en un previo madrileño a la SSanta que está a la vuelta de la esquina, pistoletazo de salida para, un año más, disfrutar del planeta que nos sonrie. De la Tierra.
Recordadme que un día os hable del mar. No, del mar no. De todo aquello que te puede hacer sentir el mar.
jueves, marzo 15, 2007
Ring ring ring
Si, ya sé que me pongo pesado con estas cosas a veces, pero es el día a dia y el reirnos de él lo que nos hace ser un poco má felices, ¿no? Bueno, todo esto viene a colación especialmente para que se ría Horatio, que cuando lea esto se va a partir... En fin, después de un día bastante largo ayer, básicamente porque estuve en casa enfermo con fiebre (si, yo, que nunca me pongo malo, que en mi vida me han pasado estas cosas, pues con los años...) y eso hace que los días se hagan largos (aunque las clases si que pude darlas...), al llegar esta mañana me he eonctrado en la oficina mi nuevo teléfono. Esto es, mi nueva nave espacial. Cuando entré en la compañía, tiempo ha, me pusieron un maravilloso terminal con tantos botones que no había manera de usarlo. Nunca podría haber imaginado la de cosas que se pueden hacer con una nave de esas características. Porque claro, uno puede llamar simplemente, recibir llamadas, etc, pero también puede aprender a configurarlo para que cuando llame rita la cantaora, la llamada se desvíe pasando por el despacho de tu jefe y acabe en el cuarto de la señora de la limpieza que muy amablemente le contará lo bien que se lo pasa ella cantando sus canciones. Una utilidad de incalculable valor añadido. La cosa es que aprender a manejar semejante cohete, llevó su tiempo, principalmente porque no había manual (ni lo iba a pedir) y no iba a preguntar (supongo que porque los hombres con estas cosas, y por tirar de esterioripos, somos así, y también porque siendo teleco da un poco de cosa, ¿no?) Pues ahora, cuando ya lo tenía todo controlado, en la nueva oficina, el terminal es nuevo, con incluso más botones que el anterior y un maravilloso modo guia con una voz de señorita a la que ya he colgado varias veces por no hacer lo que yo quería. En fin, que voy a ver si voy aprendiendo o, sigilosamente sin que nadie me vea, encuentro un manual que creo que me han dicho que hay en la web ¡qué cosas estas de la tecnología! (y lo dice alguien que la vende...)
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